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"Mi apellido es italiano, sinónimo de otros famosos como Rossini, Manzzoni y Marconi. No envidio a nadie. Soy ambicioso" |
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Casi lleno en el Centro
Cultural Caja Rioja para asistir a la presentación de un libro que promete
una segunda parte
No se sabe si por la excéntrica, miserable y de algún modo apasionante vida
que llevó el protagonista del libro o por la magnífica y espontánea
estructura y ejecución en directo de la disertación de Diego Marín. Se dejó
ver por allí el nuevo presidente de la Asociación de la Prensa Riojana,
Javier Alonso, y también Ana Fernández y Carmen Beltrán. El epílogo de la
cita lo puso Martín Nalda, de
Sapo Producciones, que leyó unos poemas de
Buscarini, dando vida de ficción (y a fe que con cierta verosimilitud) al
sin mucha razón llamado poeta maldito de La Rioja. No se lo perdió Julio
Arnáiz, del Archivo Municipal, ni Federico Soldevilla, de Amigos de La
Rioja. Tampoco Pelayo Sáinz Ripa.
Todo terminó con una retahíla de preguntas, algunas de las cuáles quedaron sin respuesta porque no venían al caso. Claro quedó que el melón de Buscarini -aún con esta interesante y oportuna publicación- apenas ha sido catado. Los hermanos Marín cabalgan de nuevo en busca que busca y rebusca de más producción literaria de aquel loco poeta riojano que lució su pluma en el primer cuarto del siglo XX y que todo apunta a que dará más que hablar y que escribir.
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