"¿Un
libro caballero? Son tres perras gordas y cinco con dedicatoria" |
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En esta página podrás ver una selección de poemas del libro 'Cancionero del arroyo', la portada original, introducción, prólogo y una confesión sincera. |
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Introducción a Armando Buscarini He aquí otro vasallo de la contrafortuna; un niño ya poeta, soñador y romántico que exaltado lo mismo que evangélico cantico se dispone a vivir para siempre en la luna. Es un alma infantil como una herida abierta donde brota la sangre de un dolor no vivido: llora un amor ausente, muerto y desconocido y le canta a una novia desconocida y muerta. La primavera es suya y el rosal del amor aroma y embellece su palacio interior donde ensueños y orgullosos van y vienen dispersos… Es sublime la forma que toma su locura… Viene al mundo este niño ya enfermo de amargura diciendo cosas tristes que luego llaman versos. Joaquín Dicenta (Hijo) |
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PRÓLOGO ¡Feliz edad la de 16 años para hacer versos; para ver la vida color de rosa, para sonreír ante el espectáculo de la Naturaleza, para no saber cuanto encierra de miseria y de horror el pozo hediondo del corazón humano!… ¡Feliz edad aquella en que se palpita ante un crepúsculo más que ante un libro y ante una trenza rubia de mujer, más que ante una sinfonía de Beethoven! Porque lo que caracteriza a la adolescencia es la frescura e ingenuidad de las emociones, que aún no han sido avaloradas, sopesadas y justipreciadas con los libros, ni aún con la realidad… El hombre está desnudo ante la Naturaleza, en la adolescencia, y con el corazón desnudo ante la Sociedad. Y de esta desnudez e ingenuidad de sentimientos brotan, lo más melodiosos cantos que todo poeta compone… Pocas veces, por desdicha, se conservarán y guardarán como reliquias esa puerilidad y este infantilismo de sentimientos; y por ello, el hombre maduro deja casi siempre de ser poeta, se torna razonador y escéptico, desdeña la ingenuidad, alardea de incrédulo, derriba ídolos que adoró con la niñez; se vuelve contra sus fetiches de otro tiempo, a veces contra sí mismo, contra su candidez de entonces. En pocos hombres, en los privilegiados, sobrevive el poeta; en la mayoría de ellos sobrevive el hombre, y se ahoga el poeta. Saint-Beuve, lo dijo con una frase admirable que resultó una estrofa, y que se trocó en motivo de una de las dulces melodías de Musset: Un poète mort-né a qui l’homme survit, El hombre sobrevive casi siempre con todas sus decepciones, sus amarguras, sus fracasos; y el poeta muere, se ahoga, se aniquila bajo la planta del hombre. El ramaje frondoso que embellecía el alma –ramaje de ilusiones, de ensueños, de esperanzas- ha sido tronchado y exterminado por el viento feroz de la Realidad, que ha ido deizmando al rica selva interior. El poeta Armando Buscarini, ha encontrado en su mundo interior, suficiente manantial de melodías y de ritmos, para concertarlos en un bien instrumentado libro de versos. Si las estrofas tienen su música es porque en el poeta había música interior, encantamiento de ensueño y de éxtasis en la soledad… Tal vez en algunas ocasiones el poeta balbucea y no sabe coordinar bien sus ritmos, pero siempre en él hay poesía interior, inspiración, como decían nuestros padres, temperamento de artista, que decimos hoy. Esto es lo principal para encaminarse por la senda de la Poesía; lo demás se os dará por añadidura… Con el tiempo, el poeta tendrá quizá afinado y dúctil su instrumento lírico; manejara mejor el metro, escogerá la rima rica para ornamentar sus estrofas; pero en cambio, ya no poseerá esa frescura de impresiones, esa ingenuidad atónica de alma, ante el espectáculo del mundo, esa virginidad de la imaginación que, una vez perdida, no se recobra jamás. ¡Feliz el que aún puede cantar el mundo y los dolores de su corazón con mas fantasías poética que amargura real! Andrés González BlancoMadrid, Septiembre 1920. |
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A José Racamonde: Hermano mío; Este libro de versos mi alma entera condensada en él te lo dedico a ti; paladín de la palabra mago del verbo cálido orador del arroyo, arrebato, vértido de ideal, locura divina… mi Acoge mi libro en tus brazos con la fraternidad que me hermana a ti y léelo llorando con fervor, porque con fervor te lo dedico. Buscarini.
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Yo soy un pobre niño poeta, muy triste y muy enfermizo. Sin que me lo diga nadie, proclamo con todas mis energías que soy poeta de corazón, de los que tiene arrebatos de locura, divinizados por la armonía del sentir; de lo que no se someten nunca a un sistema por nada ni por nadie. Amo la libertad de la vida, tengo alma de bohemio y en defensa de mi ideal no me importa morir de hambre en el arroyo, o caer para siempre, sobre la cama de un hospital. Para los que no sienten ni padecen, solo tengo un gesto de desdén y una mirada de compasión. |
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A Emilio Carrere, el
excelso poeta I Yo soy un triste poeta sin
fortuna
II Yo soy un errabundo poeta
funerario;
III Yo sueño demasiado… son mis
exaltaciones |
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