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"Mi apellido es italiano, sinónimo de otros famosos como Rossini, Manzzoni y Marconi. No envidio a nadie. Soy ambicioso" |
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Nacido en Ezcaray, pueblo de La Rioja, en julio 1904, Buscarini se llamó (son los apellidos maternos) Armando García Barrios.¿Buscarini era, pues, un lazo italianizante? No, los hay más bonitos. Su madre volvió a su pueblo embarazada desde Buenos Aires, a donde acudió como tantos de aquella católica España en busca de fortuna. Cuando el hijo creció ella le contó que su padre era un marinero italiano (que jamás apareció) apellidado Buscarini. Eso dijo. Apenas adolescente, esa madre que casi no tenía familia en el pueblo, y que acaso no la trató demasiado bien, se lo llevó a Madrid. Aquí sería pronto conocido, en los ámbitos literarios y bohemios, como el niño poeta, pues, aparte de flaquito y esmirriado, Buscarini publicó su primer libro con 14 años, un más que raro ejemplar con cuentos y poemas titulado casi en plan vanguardia: Emocionantísimas aventuras de Calck-Zettin. Estamos en 1918. La mísera vida literaria de Buscarini (pidiendo, sableando, intentado triunfar sin salir del lumpen, publicando, más que libros, folletitos que a menudo vendía manualmente) llega hasta 1928, cuando edita su autoantología El umbral del recuerdo.Extrema precocidad, sin ser Rimbaud. La poesía de Armando Buscarini es un tardomodernismo de brillos apagados y mucha tristeza y golfemia, como dice uno de sus títulos: Cancionero del arroyo. Sin suerte, desesperado a menudo, buscando la gloria y hallando el cieno, Buscarini amenazó varias veces con arrojarse desde el viaducto. Sus problemas mentales -curiosamente- le evitaron el gesto. Desde 1930 hasta 1940 (cuando murió en Logroño) vivió en manicomios mejor o peor cuidado. ¿Nos imaginamos lo que sería un manicomio durante la Guerra Civil, qué cuadro de hambre, horror, enfermedad y desesperanza? Ese fue el final de Armando Buscarini, una de las más desdichadas vidas de nuestra literatura menor. Sawa fue un rey exilado y pobre. Pedro Luis de Gálvez, un tahúr con alma de condottiero. Buscarini -sólo- un chico desesperado con sueños de éxito. Uno de sus mejores títulos: El arte de pasar hambre. Sus poemas mejores, los autobiográficos: Alma de príncipe errante/ marcado perfil dantesco,/ tipo absurdo y pintoresco/ y voluntad de gigante. El poemita se titula Yo. Con el título de uno de esos poemas íntimos, Orgullo. Poesía (in) completa
los hermanos Rubén y Diego Marín (paisanos de Bucarini) acaban de publicar en
Ediciones 4 de Agosto de Logroño, la que podemos considerar poesía completa
-aunque algo falte, por inhallable- de este final bohemio y trágico. |
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