También asistió a las clases
de la Agrupación de Acuarelistas
de Madrid, aprendiendo esta técnica
pictórica en la que tanto destacaría
a lo largo de su vida y fue asiduo visitante
del Museo del Prado, donde llevó
a cabo una amplia labor como copista de
cuadros. Colaboró también
con los escenógrafos Augusto Ferri
y Jorge Bussato, quienes le dieron trabajo
en su taller.
Ganada por oposición en 1874 la
primera plaza de pensionado de número
por la pintura de historia para la recientemente
creada Academia Española de Bellas
Artes de Roma, durante los tres años
que duró su pensión, entre
1874 y 1877, enviaría a Madrid varias
obras. En el primer año, la copia
de La Disputa del Santísimo Sacramento
de Rafael (Ministerio de Asuntos Exteriores,
Madrid), que realizó junto con el
también pintor Alejandro Ferrant
; por el segundo año , El náufrago
(Ayuntamiento de Madrid) y como final de
pensionado, su conocido cuadro de Doña
Juana la Loca (Museo del Prado, Casón
del Buen Retiro) que expuso en la Nacional
de Bellas Artes de 1878, celebrada en Madrid,
tal como figura en el catálogo, con
el siguiente título: Doña
Juana la Loca. Viaje de la Cartuja de Miraflores
a Granada acompañando el féretro
de Felipe el Hermoso. Con esta pintura
alcanzó, el todavía joven
pintor, la primera Medalla de Honor que
se concedió en estos certámenes,
recibiendo por esta misma obra importantes
reconocimientos en distintas exposiciones,
como en la Universal de París celebrada
el mismo año 1878.
Pintor de éxito, recibió
entonces diversos encargos, destacando los
dos cuadros de Alfonso I el Batallador
y Alfonso V el Magnánimo,
para el Ayuntamiento de Zaragoza o la monumental
pintura de La Rendición de Granada,
ejecutada entre 1879 y 1882, para el Palacio
del Senado, obra con la que Pradilla consolidó
su reputación artística y
le consagró definitivamente como
pintor de historia.
Tras la conclusión de su pensionado
y residiendo en Roma, fue nombrado Director
de la Academia Española de Bellas
Artes de Roma, cargo que desempeñaría
entre septiembre de 1881 y abril de 1882.
Tras su dimisión, permanecería
en la Ciudad Eterna hasta 1897, dedicándose
al ejercicio de la pintura.
Su regreso a Madrid se produjo poco antes
de finalizar el mes de enero de 1897, tras
su nombramiento como Director del Museo
del Prado, puesto que desempeñaría
hasta el mes de agosto de 1898, cuando dimitió
para entregarse a su labor pictórica
que desarrollaría en el amplio estudio
que disponía en el chalet neo-árabe
del Paseo de Rosales, adquirido para su
residencia poco después de su llegada
a Madrid y en el que fallecería el
día 1 de noviembre de 1921.
Por lo que respecta a su dilatada actividad
y amplia obra (en la monografía que le dedicamos
en 1999 catalogamos 1.100 obras), Pradilla
fue un pintor interesado por todas las corrientes
de su época y partiendo de un decadente
romanticismo supo asimilar los hallazgos
naturalistas de los paisajistas franceses
y entender el preciosismo de la pintura
romana del momento, donde otro español,
Fortuny, había dejado su impronta.
La inspiración y el interés de Pradilla
por cuanto aparecía ante sus ojos le llevaron
a la práctica de los más diversos asuntos
y las temáticas más variadas, desde los
grandes argumentos de carácter histórico,
hasta prestar su atención a sucesos y personajes
de su entorno, a extraer la emoción íntima
de lo cotidiano en escenas costumbristas
y a elevar su espíritu ante la naturaleza.
Nada parecía escapar a su observación permanente,
a una tensión plástica que impulsó su ánimo
hasta los últimos días de su existencia
con la misma pasión que en los años adolescentes.
Vitalismo, percepción, penetración sicológica
y fuerza expresiva mantuvieron el quehacer
diario de este artista y posibilitó su creatividad
en todos los órdenes, en cada uno de los
géneros.
En su obra debemos destacar en primer lugar
sus pinturas de historia, pudiendo afirmar
que, sin lugar a dudas, Pradilla es considerado
uno de los hitos de esta temática pictórica
en España, con dos de sus lienzos conocidos
universalmente y reproducidos hasta la saciedad,
Doña Juana la Loca y La Rendición
de Granada, junto a los que también
hay que recordar otras obras menos famosas
como El Suspiro del moro (1879-1892),
Doña Juana la Loca recluida en Tordesillas
, de la que hace varias versiones a
partir de 1906 y el magnífico y casi desconocido
cuadro del Cortejo del bautizo del Príncipe
Don Juan, hijo de los Reyes Católicos, por
las calles de Sevilla , de 1910, que
podemos considerar la última gran pintura
de historia del arte español.
No podemos olvidar su obra como paisajista,
con cientos de cuadros, muchos de ellos
pequeñas tablas, en las que tan solo plasmaba
sensaciones de color, luces tormentosas
o amaneceres, como si de pequeños bocetos
se tratase, algunos casi preciosistas mientras
que otros son claramente impresionistas.
Maestro del paisaje, su obra debe ponerse
en contacto y como consecuencia de algunos
pintores que le precedieron, como Pérez
Villaamil o Carlos de Haes y vinculada a
la de otros contemporáneos, como Martín
Rico o Aureliano de Beruete.
También haremos un ligero comentario a
su otra producción, a su pintura costumbrista,
género que Pradilla va a prácticar desde
una óptica personal, con obras de temática
italiana, gallega o madrileña y debemos
mencionar sus retratos -entre los que destacan
algunos autorretratos- , de tradición romántica,
en los que supo hacer gala de su percepción
psicológica para la captación del carácter
de sus modelos, al mismo tiempo que acentua
un especial naturalismo para ofrecer versiones
veraces de los rasgos fisionómicos y apostura
de los retratados. Entre sus pinturas decorativas
y de tema mitológico destacan las que cubren
los techos del madrileño palacio de los
marqueses de Linares, ejecutadas por Pradilla
en Roma en 1886.
Artista profundamente interesado por la
técnica, realizó en su estudio multitud
de experiencias y análisis de pigmentos,
investigaciones encaminadas a conseguir
las calidades y texturas deseadas en sus
cuadros. Su actividad pictórica se centrará
en gran medida en la utilización del óleo,
sobre lienzo o sobre tabla y en algunos
casos sobre cartón. Por lo que respecta
a la acuarela, Pradilla será sin duda uno
de sus mas asiduos practicantes, encontrándonos
en su catálogo con un importante apartado
expresado a partir de esas fórmulas pictóricas,
llegando a un dominio que nada tiene que
envidiar a sus contemporáneos europeos.
