Hubo cierta dificultad
en mantener un exacto desarrollo cronológico,
no por falta de memoria, sino porque los
acontecimientos se agolpaban a la vez, sin
importar qué fue antes o después,
porque lo verdaderamente importante es que
sucedió, al margen de que la propia
defensa de la vida haga que queramos olvidarnos
de algunos episodios poco felices para nuestra
integridad.
No fue fácil componer
el verdadero puzzle de tantos sucedidos;
la memoria es caprichosa y salta de un lado
a otro sin señalar el puente preciso
de unión. Si a eso unimos que no
sólo nos interesaban los escuetos
datos de su biografía oficial, sino
algo más cercano: sus ideas, sus
opiniones de temas diversos, del arte, de
la política, de los acontecimientos
históricos, actuales y pasados 93
años dan para mucho, sus recuerdos
más o menos íntimos, etc.
se comprenderá que nueve días
no pueden llenar todo ese tiempo, aunque
hemos tratado de aproximarnos todo lo posible
al sentir de un hombre bueno que, como él
dice, siempre ha tenido un dios especial,
porque, de otra manera, hubiera sido imposible
llegar hasta aquí.
Así pues, lo recogido
son sus propias palabras, ordenadas de acuerdo
a una cronología que creemos lógica,
tras analizar y contrastar con otras fuentes,
y que nos hace posible seguir la trama argumental
de su existencia.
Carlos Ochagavía
nace en Varea "... en la tarde del
10 de marzo de 1913, en el número
2 de la calle Mayor.
Fue bautizado en la parroquia de San Cosme
y San Damián seis días después
(nombre: Carlos Víctor por el presbítero
don Vito Gil Martínez de Gonzalo,
siendo padrinos Teodoro Martínez
Orte y Luciana llarraza Medrano, de amplia
familia en el barrio...
Sus padres fueron el logroñés
Maximiano [sic] Ochagavía Fernández
y la vareana Carlota llarraza Medrano. Los
abuelos eran de diversa procedencia; los
paternos: Cenón Ochagavía,
de Albelda y Petra Fernández de Agoncillo;
los maternos: Antonio llarraza, de Villamediana
y Juana Medrano Bañares, de Varea."
Maximino y Carlota tuvieron cinco hijos:
Estrella, Purificación, Carlos, Antonio
y Carlota. Los dos últimos nacieron
ya en Buenos Aires.

Carlos
y su hermana Estrella al llegar a Buenos
Aires. 1915
En 1915, Maximino decidió trasladarse
a Argentina con su esposa y sus hijos Estrella
y Carlos, huyendo de su padre, Cenón
que no paraba de mortificarlo con la imprenta
que había puesto en Logroño.
Argentina, en aquel momento, estaba considerada
como el quinto país del mundo por
su economía y su padre, a decir de
Carlos, el "único grabador"
de Buenos Aires. Era un gran litógrafo
y enseñó en la Escuela Superior
de Bellas Artes el método para hacer
bien las litografías, ya que allí
no dominaban por completo todos los procesos.
Maximino no era perfecto artísticamente,
pero sí en la técnica. Cuando
Carlos tenía 25 o 26 años,
su padre le corregía lo que tenía
que hacer, pero lo que aprendió lo
hizo en la Escuela Superior de Bellas Artes.
Él jamás trabajó en
la empres familiar, la imprenta Iregua.
La otra hermana de Carlos, Purificación,
se quedó en Varea con su abuela y
no fue a Buenos Aires hasta el año
1926. Ella siempre consideró una
equivocación marchar a Argentina.
Sin embargo, Estrella se acostumbró
mejor a la vida de esta capital. Estudiaba
piano.
Antonio nació en
Buenos Aires y tenía un temperamento
distinto. Era argentino, le gustaba más
vivir de noche, era más mujeriego,
tenía una gran habilidad para hacer
cosas bonitas. Decoró el cabaret
"Copacabana" en Brasil. Abrió
un cabaret en Mar de Plata, el "Pinocho"
pero fracasó y lo perdió todo.
Se fue a Uruguay. Tuvo también una
ruleta en Sao Paulo, "Quintadiña"
era su nombre. No le gustaba España,
le parecía aburrida para su espíritu
más movido.
La hermana pequeña, Carlota, falleció
muy joven de cáncer.
Carlos había cumplido dos años
cuando zarparon de un puerto de Galicia,
que no recuerda, en el barco alemán
Cap Polonio y llegaron a Buenos Aires diecisiete
días después. En el trascurso
de la travesía, se puso enfermo y
su madre se llevó un gran susto cuando
le dijeron que, si moría durante
el viaje, en vez de enterrarlo, lo tirarían
al agua.
Durante los años de escuela, conscientemente
fue perdiendo el acento para evitar que
le llamasen "gallego", aunque
en su casa siempre se habló en español
castizo. El modo de hablar argentino nunca
le gustó.

Carlos.
1920
A los once, vuelve a España y permanece
casi dos años en Varea. Vino a buscar
a su hermana Purificación, para que
se fuese acostumbrando a vivir con su mamá.
Estos dos años en el pueblo lo dice
una y otra vez fueron los más felices
de su vida. Varea era una aldea, sólo
tenía la calle mayor y la calle menor.
Aquí asistió a la escuela,
que estaba cerca de la iglesia, y recuerda
cómo el maestro, un tipo flaco, le
daba con una varita de mimbre en la punta
de los dedos cuando hacía algo mal.
Los muchachos le tenían un poco de
temor. Rememora, también, cómo
fue monaguillo a los doce años con
un cura que se llamaba Gregorio; cómo
llevaba las vacas a pasear; lo mucho que
le gustaba estar en el campo, recorrer las
huertas, recoger la fruta ...
En Argentina, no tuvo mucha educación
religiosa, siempre se opuso. Los curas que
daban clase, al mediodía, llegaban
con un horrible olor a vino. No los soportaba
y, además, según cuenta, no
trataban muy bien a los chicos.
Entre sus recuerdos, intercala cómo
a los once años le cayó un
rayo, en el patio de su casa de Buenos Aires,
que casi lo deja ciego. Años después,
cuando tenía 15 o 16, les volvió
a caer otro rayo en la "estanciera"
(camioneta) y no les pasó nada, porque,
al ser las ruedas de goma, la chispa no
llegó a tocar suelo. A partir de
entonces, le ha tenido pánico a las
tormentas. Cuando vivía en Wilton
y se desencadenaba una, se recluía
en el baño, porque era todo de madera
y pensaba que así se aislaba de este
peligro.
Ya en Buenos Aires, a los catorce años,
entra en la Escuela de Arte, permaneciendo
durante un año en la Mutualidad Estudiantes
de Bellas Artes. A los 15 -era la edad mínima-
hizo el examen y, aunque fue el mejor estudiante
de todos, le aprobaron de manera condicional.
No obstante, ingresó en la Escuela
de Artes Decorativas de la Nación,
donde permaneció hasta los 19 años.

Pintando
en Puerto Madero
En esa época, hacía dibujos
originales para componer afiches para Binelli,
un cliente de su padre. Todo estaba relacionado
con la publicidad de remates de promoción
de terrenos.
Unas primeras muestras artísticas
las encontramos en el cartel anunciador
de cigarrillos "Chance",' que
firma en el año 1931, o en la cubierta
de un "folletín" titulado
"El derecho de matar", de diciembre
de 1932. También en las ilustraciones
que hace para la Revista Billiken, de la
editorial Atlántida, sin cumplir
los veinte años. Entre otras, citaremos:
"Vida y costumbres de los esquimales",
"Viviendas tipicas y curiosas",
"Historia del vestido", "Tipos
y costumbres de China" y "Unidos
en sus niños, todos los pueblos marchan
hacia su bienestar y felicidad".

Ingresó luego en la Escuela Superior
de Bellas Artes. La estancia en este Centro
no fue fácil, ya que Alfredo Guido,
su director, era un fascista -se formó
en Italia imbuido de los principios del
fascio- que obligaba a seguir la línea
que él marcaba y, claro, Carlos prefería
seguir sus propias invenciones. La relación
entre ambos nunca fue buena, a pesar de
que trabajaron juntos en algunas obras.
A partir de estas fechas,
1933, comienza una incesante actividad con
colaboraciones en diversos medios y concursos
de los que los diarios se hacen eco. Así,
La Prensa (26 de febrero) publica
una litografía original de C. Ochagavía,
con motivo del IV centenario del nacimiento
de Miguel de Montaigne. El texto lo firmaba
Ricardo Sáenz Hayes.

El 22 de mayo de ese año, la Novela
Semanal, titulada "1810"
sale con una portada de Carlos.
El 22 de agosto, ilustra la portada de
la revista Maribel que nos recuerda
inevitablemente a los trabajos de Rafael
Penagos.
1 de diciembre, en La Nación,
se publica la adjudicación de premios
en un concurso de "affiches".
El cartel "Coq coq" obtiene una
recompensa de 200 pesos. Era de nuestro
artista.
El 16 de diciembre, los medios informativos
destacan la exposición de pintura
y escultura de la Escuela Superior de Artes,
diciendo que Carlos Ochagavía "muestra
proyectos de escenografía bastante
discretos".
El 22 de febrero de 1934, hace donación
a la Mutualidad Estudiantes de Bellas Artes
de un grabado en color, "Obreros trabajando"
del que es autor.
En abril, recibe el primer premio en el
concurso de YPF (Yacimientos Petrolíferos
Fiscales). Asimismo, en estas mismas fechas,
la "Comisión Nacional de Cultura"
adjudicó los premios instituidos
en el Salón Nacional de Artes Decorativas
y Aplicadas; en el apartado "Ilustración
y affiches", el primer premio, 1000
pesos, fue para el señor Carlos V.
Ochagavía.
En mayo, la portada de ARS (Revista Oficial
de la Mutualidad Estudiantes de Bellas Artes)
es una xilografía de Carlos titulada"'Serenata
Marina". En la página 14, se
anuncia que el "affiche" perteneciente
a C. Ochagavía mereció el
primer premio en el concurso anunciador
del XVI Salón Anual. Un artista bohemio,
casi un autorretrato, caminando feliz, era
el tema.

Una tarjeta-díptico, bajo el nombre
de TE Y DANZA, se publica el 6 de mayo de
1934, con motivo de una fiesta de estudiantes
de Bellas Artes. El dibujo, un batería
negro en plena acción, es de Carlos
Ochagavía.
Los principales diarios de Buenos Aires:
La Prensa y La Nación,
nos ilustran, en julio y agosto, el éxito
alcanzado por Carlos con las litografías
en tres colores, tituladas "Signos
del Zodiaco", con las que obtuvo el
primer premio en el XX Salón Anual
de Acuarelistas y Grabadores.
Carlos recuerda cómo
hizo esta colección litográfica
sin consultar con los profesores. También,
cómo en otra ocasión, siendo
el concurso secreto, le dieron el primer
premio (1.000 pesos) por un cartel; los
participantes se presentaban bajo seudónimo.
Cuando Guido, que estaba en el jurado, se
enteró, le dijo a Carlos delante
de otros compañeros: "le dimos
el premio, pensábamos que era de
Centurión" (Emilio Centurión
era un gran maestro de la Escuela), con
lo que pretendía ridiculizarlo, pero,
realmente, lo que estaba mostrando era la
envidia que le tenía, dada su habilidad
artística.


En febrero de 1935, gana el primer premio
del concurso "Consuma Manteca, Ganará
Salud", organizado por la Junta Reguladora
de la Industria Lechera.
En julio, en el concurso de carteles organizado
por la Unión Industrial Argentina,
alcanzó el segundo premio con la
obra "Labor". También fue
premiado en el concurso del Partido Demócrata
Nacional con 200 pesos, en septiembre del
mismo año.
Todos estos carteles, en cuanto a estética,
son producto de lo más novedoso del
momento. Tienen ese punto ''decó"
que los hace tan singulares y tan característicos.
Sus habilidades se desarrollaron, además,
en la pintura mural. Así, trabajó
con otros compañeros y Alfredo Guido
en la factura del fresco para la Sociedad
Rural Argentina. Recuerda que había
que pintar muy rápido, antes de que
se secase.

Esta actividad la continuó en 1936
con las decoraciones murales de la Escuela
Petronila Rodríguez de Buenos Aires.
El fresco realizado en el patio cubierto
ilustraba la "Llegada de Juan de Garay
al Río de la Plata". Otros más
hacían alusión al país
y al paisaje argentino, tal y como informaba
La Prensa el 9 de enero.
En esas mismas fechas, hace una pintura
mural para la confitería "El
Cabildo", una de las mejores de Buenos
Aires. Durante un mes de verano estuvo trabajando
desde las diez de la noche hasta la madrugada.
Hizo dos escenas: Buenos Aires antiguo,
con las carretas, los bueyes... y Buenos
Aires moderno. La confitería estaba
situada entre las calles Esmeralda y Corrientes.
Las pinturas tenían aproximadamente
2,50 x 4 metros. Las escenas eran bastante
realistas y reflejaban la vida de la colonia
argentina y las hizo en honor del Cabildo
de Buenos Aires. Hoy ya han desaparecido.
En 1936, la Comisión Nacional de
Cultura, en el Primer Salón de Decoradores,
premia el afiche de Carlos Ochagavía.
Ilustra con once dibujos el libro de Jorge
de Andrada seudónimo de Pilar Chicasalas-
titulado "Por Nuevos Caminos"
y estaba dedicado a los niños de
tercer grado de las escuelas primarias.
La noticia se recoge en varias revistas
y periódicos en mayo de 1936.
Su obra "Composición",
presentada al XXII Salón Anual de
Acuarelistas recibe las mejores críticas
de La Nación el 29 de Julio
de 1936.
En septiembre, consigue
el 4º premio en el concurso organizado
por la Grace Line con el fin de promover
el turismo en esa línea marítima.
Carlos quería salir de Argentina,
se sentía encerrado y, entre las
posibilidades que le ofrecieron, eligió
la beca para estudiar durante siete meses
en la Art Students League de Nueva York.
El 8 de enero de 1937, se le comunica, por
parte de la Comisión Nacional de
Cultura, que le ha sido otorgado el primer
premio de la Sección Ilustración
y affiche", en el Salón Nacional
de Artes Decorativas y Aplicadas.
Este mismo año, por medio de una
muchacha de Buenos Aires, tuvo la oportunidad
de participar en un concurso para pintar
murales en el edificio del Congreso de EEUU
(Washington). Había que enviar como
prueba el boceto de la obra y un trozo de
fresco para demostrar que se sabía
hacer. Pasado mes y medio, supo que la obra
había llegado fuera de plazo y que
el fresco se había destrozado en
el viaje. No obstante, alabaron su dibujo
y le dieron 300 dólares por su participación.
En julio, el Ministerio de Relaciones Exteriores
y Culto recomienda a los Agentes Diplomáticos
y Consulares de la República y a
las Autoridades del tránsito que
le presten los auxilios necesarios al señor
Carlos Víctor Ochagavía, por
cuanto parte al Exterior para disfrutar
de la beca de la Grace Line.
El v¡aje se llevó a cabo en
la segunda mitad de 1937. Salió de
Buenos Aires en tren, hasta Potosí.
Recorrió gran parte de Bolivia y
se embarcó en Mollendo (Perú).
El barco zarpaba de Chile, subía
por toda la costa, cruzaba el canal de Panamá
y, tras pasar por el límite de Cuba,
arribaba a Nueva York. Aquí se produce
su deslumbre. Cuando llega ve helicópteros,
dirigibles, orquestas con "majorettes"
en la calle... le pareció ue entraba
en el paraíso. Su madre, por el contrario,
se llevó un gran disgusto cuando
se fue, por lo que le podía pasar,
y quedaron en que todos los jueves le escribiría.
Apenas sabía inglés.
Recuerda cómo, justo a la llegada
al puerto de Nueva York a una pregunta del
aduanero, no supo resonder "inside"
y eso le produjo el primer embrollo. Aprendió
inglés de la manera más dura.
Llevaba, eso sí, la recomendación
diplomática. Lo alojaron en la Asociación
Cristiana de jóvenes. Estando allí,
se fue a la piscina, le gustaba mucho nadar,
y descubrió que todos estaban desnudos.
No volvió más. Luego supo
que en esa sociedad había muchos
gays.
Fue a la Art Students League, teniendo,
entre otros, como profesor a Morris Kantor
(Rusia, 1896 América 1974). Allí
conoció, además, a la que
sería su primera esposa. Recuerda
que no era costumbre saludar al entrar en
clase. "Llegué el primer día,
dije: good afternoon, y nadie contestó.
Pensé: no me habrán entendido,
lo pronunciaré mal... El segundo
día, volví a insistir: good
afternoon... y me miraron como si estuviese
loco. Ya no lo dije más. Y es que
EEUU es así".
El país le encantó, pero
casi no hablaba el idioma. Entonces, una
chica se le acercó, empezó
a entablar relaciones con él y, de
ese modo, fueron aprendiendo él inglés
y ella castellano. Con el tiempo, le presentó
a sus padres, muy cordiales, y a sus cuatro
hermanos. Todos tenían coche. Cinco
chicos, cinco coches.
En principio, lo acogieron muy bien, pero,
cuando vieron que la cosa podía ir
a mayores, los padres lo rechazaron, pensando
que sólo quería su dinero.
Eran muy ricos y lo consideraban una especie
de gigoló. Ella se llevó un
gran disgusto y, a partir de entonces, se
entabló una lucha continua.



En 1938, Phyllis (así se llamaba
la chica) quería escribir un cuento
para niños. Dijo en su casa que se
iba de viaje con una amiga y se marcharon
juntos a Tampa (Florida). Aquello era una
maravilla. Alquilaron una "cabina"
(un apartamento) y todos los días
hacía una ilustración para
el libro. Un mes después, más
o menos, dieron por acabado el trabajo.
Así nació "Las Aventuras
de Moko". Consultaron con distintas
editoriales y, aunque les decían
que faltaba un poco de color, les parecía
muy bueno. Pero el problema era el gran
cuchillo que aparece en las escenas para
matar al "chanchito" (cerdito),
y no hubo manera de publicarlo (hay que
entender la idiosincrasia de los americanos
... ) .
Aquel año, estando en la Escuela
de Arte de Nueva York, participó
en un concurso patrocinado por el gobierno
polaco, pero lo ganó Guayasamín.
Hizo buenas relaciones, lo que le serviría
para las ocasiones siguientes. No obstante,
volvió a Buenos Aires en el segundo
trimestre.

En Julio, participa en
la Exposición de pintura y escultura
de artistas argentinos descendientes de
vascos, que se realiza en los salones del
club Cure Echea, con la litografía
"Los Gauchos". El escultor Luis
Narbondo presenta en la misma una obra en
bronce titulada "Retrato del pintor
Ochagavía", firmada y fechada
en 1936.

Caricatura
hecha por Phyllis. 1938 // El día
de la boda con Phyllis. 1939
Las relaciones con Phyllis continuaban y
en 1939 se casó con ella. El día
de la boda, la familia les hizo una gran
fiesta, pero Phyllis se pasó toda
la noche llorando ¿Qué le
habían dicho?... "Seguramente,
que la iban a desheredar si seguía
conmigo".
Dada la mala relación con la familia
de su mujer, deciden volverse a Buenos Aires
hacia 1940-1941. Seguían pensando
que él era una especie de gigoló
que se había casado con hija por
el dinero. No lo consideraban de la misma
clase social que ellos y, a partir de ahí,
procuraron recuperar a su hija cómo
fuese. Le daban todo tipo de parabienes
y dinero cuando estaba con ellos, pero,
en cuanto se volvía a Buenos Aires,
no le mandaban ni un dólar.
En estas fechas estuvo enfermo. Entre 1942
y 1945 vivieron en Aedo (Buenos Aires).
Allí tendrán a sus dos hijos:
Daniel (1943) y Cristina (1944). Se llevaban
año y medio aproximadamente. Hizo
un retrato al pastel de Daniel cuando tenía
un año.
Retrato
de su hijo Daniel. 1944 // " Una América
una acción "
Su labor como ilustrador seguía en
marcha. De esa época conocemos el
cartel de: UNA SOLA AMERICA, UNA SOLA ACCION...
(1943). También el de "BALLETS",
firmado y fechado: Ochagavía / 43.
Durante estos años, trabaja en el
Banco Central de Argentina. Diseñará
una serie de billetes para esta entidad
y realiza un mural que hoy se encuentra
en el Museo Histórico y Numismático
Doctor José Evaristo Uriburu (Hijo),
del Banco Central, en la Sala de Exposiciones
transitoria, de unas dimensiones aproximadas
de 4 por 2 metros y medio y, según
consta en la leyenda, es un "Mapa ejecutado
con elementos del siglo XVII. Por Carlos
Ochagavía. 1944"; otra cartela
nos aclara que se trata de la "Región
meridional de la América del Sur".
Por entonces, el Director del Banco Central
era Otto Previs, un tipo muy importante
y que lo apoyó mucho.

Cuando el Coronel Juan
Domingo Perón es nombrado Vicepresidente,
en 1944, tras el golpe de estado dado por
el General Edelmiro J. Farrell, quien ocupó
la presidencia, las cosas comenzaron a ponerse
difíciles y más a medida que
Perón iba ganando poder. Recordemos
que, siendo ya General, fue elegido Presidente
el 24 de febrero de 1946. Por esas fechas,
Carlos es despedido del Banco, junto con
otros muchos y, ante la comprometida situación
económica, se pone a trabajar por
su cuenta.
Se traslada a USA. El primer agente comercial
con quién trató fue con Johnson,
aunque no llegó a colaborar con él.
El segundo fue Lynch & Meir. Ayudado
por la familia de su esposa, los Jones,
muy ricos e influyentes, pero no muy bien
intencionados, trabajó para Lynch
haciendo la serie de doce dibujos, uno por
cada mes del año, para la campaña
publicitaria de Aspirina Bayer, si bien
no le pagaba demasiado.

Así, permaneció en Nueva York,
en una casa de su suegra, enorme caserón,
en el que hacía un frío tremendo,
tanto que enía que dibujar con guantes,
pues, para más dificultades, él
trabajaba arriba, en el desván. Esta
casa, una vez acabada la guerra, la vendieron
a Rockefeller.
Por esas fechas, los Jones se fueron a vivir
a otro edificio y, según la ley,
si no se estaba empadronado, no se podía
permanecer más de dos días
en la misma casa, a riesgo de ser detenido
como maleante, por lo que tuvo que irse
a una residencia de estudiantes y allí
acabó los dibujos de la Aspirina.
La familia le consiguió otros encargos
y le hicieron ganar bastante dinero, a base
de dibujar muchas horas. Cuando Johnson
se enteró de que trabajaba para Lynch,
que no era muy de fiar, se enojó
bastante con la familia y le dijo a Carlos
que así no llegaría lejos.
Años más tarde, estando ya
con Jeff Lavaty, éste le comentó:
,vamos a ir a una galería muy buena",
y resultó que era la de Johnson ¡Lo
que son las cosas!.
Recuerda cómo los agentes de arte
gráfico le insistían él
era muy tímido que tenía que
darle a su trabajo un carácter americano.
Acabado lo de Aspirina,
regresa a Buenos Aires en un Victory (barco
militar). Poco tiempo después, enfermó
de tuberculosis. Tenía 33 años.
Creyeron que no se recuperaría, pero
es ingresado en el Hospital de Ascochinga
(Córdoba) -hospital para gente de
alto poder económico- y, tras nueve
meses, a base de buena comida, espinacas,
calcio y los consejos de un médico
suizo amigo, logra reponerse completamente.
A pesar de todo, sigue triunfando profesionalmente
y recibe en el XXXVI Salón Nacional
de Artes Plásticas, sección
de grabado, el premio adquisición,
por su obra "Fragmento para proyecto
de pintura mural". Así se recoge
tanto en La Prensa (9 de septiembre
de 1946) como en El Mundo (22 de
septiembre) o en unas cartas de la Dirección
General de Cultura, en las que se le comunica
la concesión del premio y se recibe
la obra -plancha de zinc- de Carlos Ochagavía.

Del 17 de febrero de 1947 data la portada
de TIME, en la que aparece el músico
Rodzinski.
En esa época, la comunicación
entre Nueva York y Buenos Aires era continua.
Cuenta cómo tomó el avión,
por primera vez, para ir a ver a su hijo.
La ruta que hizo fue: Buenos Aires, Río
de Janeiro, Pernambuco, Puerto Príncipe
y Nueva York. El viaje fue muy duro, le
dolían los oídos, había
mucho ruido. Le tocó en ventanilla
y, aparte del resfriado que tenía,
ver las hélices dando vueltas durante
tan largo trayecto, no resultaba cómodo.
La Prensa del 9 de abril de 1948,
publica el resultado de un concurso de ilustradores,
organizado por la Asociación Amigos
del Libro para ilustrar en litografía
"La campaña del ejército
grande", de Sarmiento. El primer premio
se declaró desierto, pero se otorgó
un segundo premio único de 400 pesos
al señor Carlos Ochagavía.

Trabaja, a la vez, para
los laboratorios Abbott. Así, se
reproducen varias composiciones promocionando
el medicamento Diazyl Dulcet, con temas
firmados por Ochagavía / 48, titulados
"Resolviendo el problema de una angina",
"En la edad melancólica",
etc.
En 1949, funda una revista
de aeromodelismo. No había ninguna
de este tipo en Argentina. A su hijo Daniel
le gustaba mucho este tema y se decidió
a sacarla a la luz.
De 1951 data una pintura que hizo para García
Mata, su socio productor de películas
comerciales en los años 60, titulada
el "Juego del pato". Pidió
que se la pintase para tener algo más
de qué hablar con los clientes cuando
venían a su despacho a tratar sobre
la carne. Refleja la escena de un juego
típico de la Pampa. Los jinetes luchan
por conseguir el cuerpo de un pato que está
dentro de una bolsa de cuero con numerosas
asas.

Entre 1953 y 1954, produce trece películas
para la TV de USA. El periódico Última
Hora de La Paz, 12 de agosto de 1953,
da la noticia de que "se iniciará
el rodaje de dos cintas para televisión";
explica que Carlos Ochagavía es el
productor de Telecine Argentino, además
de aparecer como gerente de la Zinvar Corporation.
Téngase en cuenta que las transmisiones
regulares de TV en Buenos Aires habían
comenzado, con las dificultades que supone,
en 1951.
La revista VARIETY, 9 de junio de 1954,
nos cuenta un poco el desarrollo de los
13 capítulos, de media hora cada
uno, de esta serie titulada "Las aventuras
de Jethro Adams". Esta producción
de Carlos Ochagiva [sic] -no les debía
resultar fácil pronunciar tan largo
apellido- fue posible porque Carlos había
estado varios meses en Nueva York trabajando
conjuntamente con los guionistas y los inversores.
La serie se rodaría en cuatro países
de Sudamérica: Argentina, Brasil,
Paraguay y Bolivia. Aquí, Jethro
Adams, un pintor itinerante, encarnado por
el actor americano John Mc Quade, pasaría
por diversos líos y apuros con las
autoridades locales.
Con John
Mc Quade y el director Borcosque // Rodando
en Iguazú. Salto de alvar Núñez.
Carlos recuerda que, de las 13 películas
rodadas, dos se hicieron en Bariloche; una
en Iguazú; dos en Bolivia y una en
la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires.
También cuenta que sufrieron múltiples
problemas para conseguir película
virgen de USA, pues no había manera
de pasarla de un modo normal. Así
que tuvieron que recurrir al contrabando
y lo mismo para sacar del país las
ya impresionadas. Había un excesivo
control de los políticos. Perón
y su "muchachada", sobre todo
un tal Apold, la mano derecha del General,
les puso todas las trabas posibles. En definitiva,
lo que querían era llevarse todos
los beneficios que suponían que daban
las películas. Aquello fue un fracaso.
Les hicieron perder mucho dinero.
Por otra parte, en Italia, y esto les perjudicó
bastante, Ponti de Laurentis estaba haciendo
películas cortas, con autorización
legal, mientras que ellos tenían
que hacerlo ilegalmente. Llegó un
momento que en USA dijeron que así
no se podía trabajar y se acabó.
Entre 1953 y 1954, durante un mes, dio la
vuelta a todo EEUU en autobús, por
90 dólares. También estuvo
en Hollywood para estudiar el modo de hacer
películas más baratas para
televisión. Era un viajero incansable.
Toda novedad que pudiera conocer, allí
estaba él.
En 1955 y 1956, aprendió bastante
de Dodal, un checoslovaco que trabajaba
haciendo dibujos animados. Tenía
una cámara polaca para filmar y la
instaló en el estudio de Carlos.
Éste hacía los bocetos y Dodal
los filmaba. Por ningún motivo quería
que le tocase la cámara, y, aunque
Carlos no sabía nada de filmar, viéndolo,
algo aprendió y, más tarde,
ya en LOWE lo perfeccionó.
Los dibujos polacos eran muy duros, los
que Carlos hacía eran más
suaves. Dodal se lió con Phyllis
y, al enterarse, lo expulsó del estudio.
Cuando sacó todas sus cosas a la
calle, por cartas comprometedoras, se dio
cuenta de que éste había registrado
a su nombre la propiedad de las películas,
sin hacerse ni mención de la autoría
de los dibujos. Aquello fue un mal rollo,
tanto, que acabó con una úlcera.
Para colmo, su hermana había muerto
de un cáncer de útero y metástasis
al cerebro.
Las relaciones con Phyllis se complicaron
de manera insostenible; su carácter
se iba desequilibrando progresivamente,
a lo que ayudaba su adicción a la
bebida. Los constantes viajes de ¡da
y vuelta a casa de sus padres en Nueva York
y el continuo lavado de cerebro a que la
sometían, la llevaron a mantener
extrañas relaciones y acabar separándose.
Lo hizo en Alabama, Estado en el que uno
se puede divorciar sin contar con la parte
contraria.
Y además, se llevó
a los hijos, por lo que se quedó
solo y pasó mal.
En 1959 muere su hijo Daniel. Esto le supone
tal golpe moral que tardará muchísimo
tiempo en superarlo... Daniel era sumamente
inteligente, un genio. Desde muy joven hacía
sus cámaras fotográficas.
Estudió óptica, también
astronomía, tanto que, como anécdota,
fue capaz de corregir la fecha de un eclipse
que se había publicado mal en una
revista científica. Estando en Buenos
Aires, por una herida que se había
hecho en un pie, muere de gangrena. Lo mantuvo
en secreto y, para cuando quisieron curarlo,
no hubo nada que hacer. Posiblemente -era
diabético y no lo sabían-
la herida no cicatrizaba y se produjo la
infección generalizada. Cuando Phyllis,
de la que ya estaba separado, llegó
de Nueva York, la escena no pudo ser más
horrible, pues, además de amenazarle
de muerte, entre otras cosas le dijo que
él había matado a su hijo
y se llevó el féretro a USA
para enterrarlo.
En estos años, cuando trabajaba para
LOWE (1959) (empresa que hacía y
vendía películas comerciales),
estaba muy desorientado, sin saber para
dónde tirar y empezó con la
"animación". Hacían
películas de publicidad que duraban
20 segundos y terminaban con un cartel final
fijo. Realizó innumerables películas
de este tipo.
Más tarde, la situación política
hundió a LOWE. Le hicieron una propuesta
para que él continuase con la producción,
pero le pareció que traicionaba a
la empresa, ya que él había
trabajado allí. Así que esperó
a que LOWE acabara y, entonces, comenzó
él a hacer las películas por
su cuenta. El hecho de que le pagaran con
pagarés, difíciles de cobrar,
acabó arruinándolo también.
En 1960, interviene en la película
"Yo quiero vivir contigo", dirigida
por Carlos Rinaldi, que cosecha una malísima
crítica por el contenido, actores,
etc. aunque, a decir verdad, se destacaba
que... "Lo mejor de la película
es su excelente presentación, francamente
inusitada en nuestro medio". Naturalmente,
era de Carlos Ochagavía. Del mismo
tenor es una nota aclaratoria, titulada
"Al César lo que es del César",
que se publica en Clarín
el 30 de mayo de dicho año.
Cuando todavía estaba
con Phyllis, conoció a Graciela Rodo
Boulanger (artista ilustradora de libros
para niños, nacida en La Paz Bolivia
en 1935, de gran prestigio en la actualidad
y con la que mantuvo y mantiene una gran
amistad) y, en enero de 1961, él
le aconsejó que, si quería
prosperar, se fuese a USA. Así lo
hizo, estableciéndose en Nueva York.
De este modo, acabó el romance en
el que ella, incluso, le había propuesto
casarse.


Trabajando todavía en LOWE, hizo,
en 1961, "La escoba de Lucinda",
película de animación de 9,30
minutos de duración, cuyo argumento
es una especie de cuento de cenicienta en
el que, dependiendo de si es la realidad
o si son los sueños, se utiliza el
blanco y negro o el color. La música
y efectos de sonido son de Tito Rivero.
Los personajes que retrata están
tomados de la vida diaria. Uno de ellos,
por ejemplo, era su cuñado. Técnicamente
son 12 dibujos por segundo, de los que él
sacaba 24 fotogramas para que el movimiento
fuese más suave. Hizo unos 7.000
dibujos a lápiz que, más tarde,
se perforaban en papel. Una chica los pasaba
a tinta y otro muchacho les daba el color
donde él le decía. Fue muchísimo
trabajo y no lo volvió a repetir.
El éxito de la película fue
tan grande que los más diversos medios
se hicieron eco de su bondad. Así,
participó en el Festival de Tours
en 1962 y, si lo hizo "fuera de concurso",
es porque la cinta no llegó a tiempo
de incluirla en la competición. La
crítica de Philippe Durand en "Cinémas''
es suficientemente esclarecedora de su valía.
Seleccionada también para el Festival
d'Annecy, en el Vth International Animated
Film Festival, en 1963, es igualmente reconocida.
La Prensa y Clarín
recogen, en abril de 1963, los Premios Oficiales
a la Producción Cinematográfica
Argentina de 1962 y en la primera serie
de cortometrajes está incluida "La
escoba de Lucinda". Los mismos diarios
refieren en enero de 1964 la concesión
de la plaqueta de plata a este film en el
III Festival para niños de Necochea.
En este año de 1964, el Premio Instituto
Nacional de Cinematografía, a la
mejor película nacional (Cabildo
de Oro), fue compartido entre los films
"La Pared" y "La escoba de
Lucinda", como reconocimiento al alto
nivel alcanzado por el dibujo animado argentino.
Tras recibir el premio
de 400.000 pesos del citado Instituto de
Cinematografía, y habiéndole
sido concedido un préstamo de 80.000
pesos por parte del Fondo Nacional de las
Artes para que desarrollara estudios en
la producción cinematográfica
de cortometraje, especialmente sobre dibujos
animados, además de comprarse un
Peugeot, se viene, en avión, a Europa.
España ya la conocía, pero
no el resto del continente. Para él
Europa era "como un cuarto oscuro".
Viajar durante varios meses fue un gran
descanso. Aquello era una maravilla: los
castillos, los quesos, los dulces... increíble.
Le invitaron también a participar
en el Festival de Venecia de cine publicitario.
El día del Festival, compró
una casa rodante y recorrió durante
tres meses buena parte de Europa: Francia,
Bélgica, Holanda, Alemania, Italia,
Grecia, España, Portugal.... En los
álbumes de fotos, se pueden ver,
entre otras, las ciudades de Chartres, Brujas,
Venecia, Reuter, Roma, Florencia, Atenas,
Heidelberg...
Junto a la actividad de la "animación"
y la labor de ilustrador, lo que le supone
hacer continuos viajes entre USA y Argentina
a lo largo de estos años, realiza,
también, obras escultóricas.
Le ayudaba a relajarse.
Conoce a Martha en 1965 y se casa con ella
el 20 de septiembre de 1967. Seguidamente,
se fue a USA, por un período máximo
de tres meses, ella se quedó en Buenos
Aires.
Preparó, al efecto, varias muestras
y se fue a Nueva York. Allí buscó
un agente de publicidad. El primero, le
ofreció ilustrar libros técnicos
y no aceptó. Con otro tampoco consiguió
trabajo. Pero dejó al mejor para
lo último. Este era Lavaty. Le aconsejó
adaptarse al sistema, al estilo americano.
Le dio un plazo de 15 días para ver
cómo trabajaba... y, a los 10 días,
le ofrece hacer la cubierta de una revista
llamada News Time. Hizo un diseño
surrealista y se lo aceptaron. A partir
de ese momento, los americanos quisieron
que la segunda tapa fuese también
del mismo estilo. Ellos son así,
te encasillan y ya está.

Una vez que comienza a trabajar con los
Lavaty, Frank, el padre, y Jeff, su hijo,
de quien decía que era su socio,
no se prodiga tanto en Buenos Aires. Le
gustaba más el sistema de trabajo
americano. Ellos le encargaban un trabajo,
él realizaba los bocetos y dibujos
definitivos, se valoraban y, una vez que
todo estaba correcto, lo vendían
y, como comisión, se quedaban con
el 25 por ciento. En cuanto a los impuestos,
cada cual pagaba lo suyo. Carlos pone de
manifiesto el trato tan serio, honesto y
profesional de esta gente. Nunca tuvo el
menor problema ni en lo artístico
ni en lo económico.

La casa
de Wilton y Carlos pintando el el estudio
Por otra parte, la vida en Argentina se
hacía cada vez más difícil,
sobre todo, para los pintores. Sólo
hay que repasar los acontecimientos políticos
de esos últimos años. Así
que, en 1975 se va definitivamente y se
establece en Wilton (Connecticut).
Entre los múltiples trabajos que
le proporcionaba su agente, llegó
lo de IBM. Preparó ocho bocetos para
la promoción publicitaria, pero,
aunque les gustaron muchísimo, al
final, los de IBM prefirieron continuar
su campaña con motivos fotográficos,
porque les parecía más moderno.
A Lavaty no le importó, ya que, más
tarde, los ofreció a otros clientes
y, además de fama, obtuvo mucho dinero
por ellos. Eran al estilo de Rousseau. Podemos
decir que éste fue un buen comienzo
para casi cuarenta años de trabajo
juntos.
En junio de 1981, Lavaty lo envía
a Acapulco con el fin de que desarrolle
ideas para una campaña de publicidad
de uno de los hoteles de lujo de la zona.
Le presenta una serie de pinturas, al estilo
Rousseau, aunque con su sello personal,
y obtiene un gran éxito, tanto que
otros empresarios de hostelería le
encargan trabajos similares. Uno de los
más significativos lo realiza, en
mayo de 1986, para el Hilton Hawaiian Village.
Estuvieron casi un mes en Hawai en este
Hotel de todo lujo.

Chivas
Regal, 1982 // Inauguración en la
River Gallery
A la vez que produce un sinnúmero
de ilustraciones para revistas, portadas
de libros, publicidad, etc., se centra más
en la obra pictórica. Y, aunque ya
en los años 1962 y 1963, había
expuesto individualmente en Buenos Aires,
en la Galería Rubio y en la Galería
Plástica, respectivamente, además
de participar en algunas otras colectivas,
se decide a exponer, de un modo más
profesional, mostrando su obra en la River
Gallery de Westport entre octubre y diciembre
de 1985.

Se jubiló en 1987, sin cumplir los
75 años, pero siguió trabajando
y cotizando como si estuviera en activo.
Continua con las ilustraciones, destacando,
entre otras muchas, la que hace para Popular
Mechanics, en 1989, un gran mapa de EEUU,
animado con personajes según las
características de los diferentes
Estados. También, la reproducida
por TIME en su campaña de protección
del medio ambiente y que se anunciaba con
un contundente "Help save it ! ".
De gran renombre fue, en 1990, el encargo,
por parte de la Administración Postal
de las Naciones Unidas (UNPA), de tres composiciones
sobre el medio ambiente para ser reproducidas,
cada una dividida en cuatro, como estampillas
postales. Se sellaron por primera vez el
15 de marzo de 1991.






A finales de 1993, se trasladó de
Wilton a Norwalk; cambió la nieve
y los árboles tan frondosos -estaba
ya cansado- por la vista del mar. Vivía
en un apartamento con muelle para el bote.
Expone, años después, en:
The National Art Club de Nueva York (1996);
Leon Keuninckx Gallery, Grand Rechain, Bélgica
(1997); Robert Thomas Gallery, Winter Park,
Florida, USA (1998); y Centro Cultural Borges,
Buenos Aires (2005). Como muestras colectivas,
interviene en la Galería RR, París
(1997) y en el Salon de Noél, Galerie
Evasion, Waremme, Bélgica (1998).

La ilustración producida para el
Boletín de la Universidad de Nueva
York, en 2001, nos confirma que sigue estando
en plena forma, pero, poco a poco, las computadoras
van reemplazando y relegando aquel modo
de trabajo, así que, con cierta decepción,
da por acabada esa etapa y decide retornar
a Buenos Aires. Era el 14 de julio de 2003.
No obstante, su idea era volver a España,
a Logroño, a Varea. Idea que todavía
acaricia y que quiere hacer realidad: volver
a sus orígenes.





Obra suya se encuentra
en el Museo Nacional de Bellas Artes y en
el Museo Nacional del Grabado, de Buenos
Aires, así como en numerosas colecciones
privadas de Argentina, Estados Unidos de
América y Europa.
De sus estudios de Wilton y Norwalk, en
Connecticut (USA), Buenos Aires (Argentina)
han salido obras de tan variada garna que
las podríamos encuadrar en movimientos
como el hiperrealismo, cubismo, surrealismo,
ingenuismo y otras directrices de la época
que le ha tocado vivir.
Entre los muchos temas que fueron saliendo
durante esos nueve días, quedó
muy claro que no le gustan en absoluto ni
las computadoras, ni lo que llaman "arte
concreto", ni que los críticos
de arte no digan nada de lo abstracto...
Carlos admite estar influido, a veces, por
los mejicanos. Por ejemplo, "la toalla
azul" recuerda a Diego Rivera. Piensa
que Tamayo es bueno, pero tiene cosas desequilibradas.
Que Frida Khalo es un producto de lo que
hoy llamaríamos prensa rosa. No era
buena como pintora. Su obra es una operación
de marketing; valiéndose del morbo
de que si la operaron muchas veces, que
si era comunista, etc., han sido los críticos
quienes han manejado el tema y sus "autorretratos"
han pasado a valer millones y millones.
Que Ku¡ka, otro ejemplo, el de los
colchones forrados de plástico con
un mapa dibujado en la funda, es marketing
puro; está tan apoyado por los judíos
que, al principio, aunque perdía
el 10% en cada operación, pudo persistir
hasta que se cotizó a tope. Pero,
¿a quién vas a convencer de
que es una porquería si tiene tanta
fama?.
Mantiene su interés por entender
la vida y obra de Picasso, de quien piensa
que era, más que un gran pintor,
un extraordinario diseñador. El Guernica
es uno de los mejores carteles jamás
dibujado. Comenta lo difícil que
se le hace comprender ciertas cosas del
arte moderno y cómo le gustaría
poder aprender algo de todo lo último
que se está haciendo, pero no hay
manera.
Por otra parte, repasando los álbumes
de fotos, retazos de vida v saltos en el
tiempo, sabemos que viajó por España
en 1972, que volvió en 1983, 1988,
1990 y varias veces más. Nos enteramos,
también, de que su padre, Maximino,
murió en 1990 con 96 años
y que fue a USA cuando tenía 90 y
estaba aprendiendo inglés.
Hasta aquí, la larga
lista de obras y actividades realizadas
por Carlos Ochagavía. Pero, a pesar
de la inusitada actividad, de la producción
continua de dibujos e ideas innumerables,
de un ir y venir sin fin, nada tendría
sentido si lo que se hubiera hecho no fuese
de calidad. Por eso, celebramos hoy, no
sólo la multiplicidad de trabajos
y labores, sino su "buen hacer".
Su hablilidad, su preparación
y su ingenio, han hecho posible que estemos
hablando de una serie de obras que, además
de la excelente factura técnica,
muestran ese punto diferenciador, esa "gracia",
que sólo los grandes artistas son
capaces de transmitirnos.
Decíamos que Carlos
era un hombre bueno; como persona parece
indudable, como artista es evidente. Por
las circunstancias, tuvo la ocasión
de demostrarlo allí donde fue, porque
habiendo recorrido tantos lugares, uno acaba
siendo de todas partes. Pero, por suerte
para nosotros, él sigue siendo de
donde nació, siente sus raíces
en esta tierra y, tal vez por eso, siempre
ha tenido en ella un agarradero, aún
en los momentos más dificiles, en
los que uno no parece ser de ninguna parte.
Él es un emigrante
y allí donde fue lo trataron bien,
pues hizo porque lo trataran bien. Ahora
vuelve a su lugar de orígen, con
todos sus cambios y todas y todas sus diferencias.
Tampoco él es aquel niño de
entonces y sólo piensa en que aquí
puede ser felíz hasta el final, porque
la vida sigue y, mientras haya ganas de
aprender, y él las tiene, haya ganas
de hacer, y él hace, haya ganas de
vivir, y ese es el mayor regalo, no faltarán
frutos que celebrar una vez y otra vez.
Carlos Ochagavía,
más conocido fuera que dentro, es
uno de los grandes artistas americanos,
sur y norte unidos en una sola persona,
a la que todavía no le ha llegado
el "boom" definitivo, pero que,
más antes que después, le
llegará y, quizás, este Galardón
sea el encendido de esa mecha que nos lleve
a la explosión de una gran obra para
el disfrute de todos aquellos que sean capaces
de entenderla. Y Carlos lo ha puesto fácil.
Sólo hay que dejarse llevar, sentir
el gusto por lo bien hecho, disfrutar de
la felicidad que nos provoca ese buen hacer,
para pensar que todavía hay esperanza,
que hay parcelas en nuestros sentimientos
que nos realizan mucho más que el
transcurrir diario. Y esto lo puede dar
el adentrarse, el ser partícipe de
una obra maestra, en la que el artista ha
sabido dar ese toque mágico que nos
enaltece al contemplarla y entenderla, aunque
sea de modo inconsciente, tanto como a quien
la creó.

Diario LA RIOJA.
Domingo, 26 de noviembre de 2006
Artículo por Enrique
Martínez Glera.
UN HOMBRE BUENO
Carlos Ochagavía
murió ayer Sábado. El profundo
pesar por su muerte, y sobre todo porque
no haya sido aquí, me produce la
extraña sensación de que,
al final no se cumplió su deseo,
aunque tuviese en mente volver de nuevo
a Logroño y su Varea natal en abril
o mayo próximos. Este pensamiento
ha alimentado y alegrado sus últimos
momentos.
La concesión del
Galardón a las Bellas Artes Riojanas
el pasado mes de mayo y las dos semanas
que permaneció entre nosotros resultaron
para él el premio a toda una vida.
Fue tal su felicidad que hasta pareció
rejuvenecer. Tras su marcha a Buen