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CARLOS OCHAGAVÍA ILARRAZA

Biografía escrita por:

 

Enrique Martínez Glera

(Doctor en Historia del Arte)

La narración de la vida y actividades artísticas de Carlos Ochagavía se ha confeccionado con el relato de sus propios recuerdos -a veces inconcretos por decisión propia- tras largas conversaciones mantenidas con él, en su casa de Buenos Aires, durante los días 8 al 17 de marzo de 2006, y que tuvieron su apoyo en numerosísimos recortes de prensa, álbumes de fotos, cuadernos de dibujos, bocetos y notas que, acopiadas como en aluvión, iban desentrañando los enigmas de una extensa vida exprimida en sus posibilidades, con sus más y sus menos, pero que mereció la pena vivir y seguir viviéndola.

Hubo cierta dificultad en mantener un exacto desarrollo cronológico, no por falta de memoria, sino porque los acontecimientos se agolpaban a la vez, sin importar qué fue antes o después, porque lo verdaderamente importante es que sucedió, al margen de que la propia defensa de la vida haga que queramos olvidarnos de algunos episodios poco felices para nuestra integridad.

 

No fue fácil componer el verdadero puzzle de tantos sucedidos; la memoria es caprichosa y salta de un lado a otro sin señalar el puente preciso de unión. Si a eso unimos que no sólo nos interesaban los escuetos datos de su biografía oficial, sino algo más cercano: sus ideas, sus opiniones de temas diversos, del arte, de la política, de los acontecimientos históricos, actuales y pasados 93 años dan para mucho, sus recuerdos más o menos íntimos, etc. se comprenderá que nueve días no pueden llenar todo ese tiempo, aunque hemos tratado de aproximarnos todo lo posible al sentir de un hombre bueno que, como él dice, siempre ha tenido un dios especial, porque, de otra manera, hubiera sido imposible llegar hasta aquí.

 

Así pues, lo recogido son sus propias palabras, ordenadas de acuerdo a una cronología que creemos lógica, tras analizar y contrastar con otras fuentes, y que nos hace posible seguir la trama argumental de su existencia.

 

Carlos Ochagavía nace en Varea "... en la tarde del 10 de marzo de 1913, en el número 2 de la calle Mayor.


Fue bautizado en la parroquia de San Cosme y San Damián seis días después (nombre: Carlos Víctor por el presbítero don Vito Gil Martínez de Gonzalo, siendo padrinos Teodoro Martínez Orte y Luciana llarraza Medrano, de amplia familia en el barrio...


Sus padres fueron el logroñés Maximiano [sic] Ochagavía Fernández y la vareana Carlota llarraza Medrano. Los abuelos eran de diversa procedencia; los paternos: Cenón Ochagavía, de Albelda y Petra Fernández de Agoncillo; los maternos: Antonio llarraza, de Villamediana y Juana Medrano Bañares, de Varea."


Maximino y Carlota tuvieron cinco hijos: Estrella, Purificación, Carlos, Antonio y Carlota. Los dos últimos nacieron ya en Buenos Aires.

 

Carlos y su hermana Estrella al llegar a Buenos Aires. 1915


En 1915, Maximino decidió trasladarse a Argentina con su esposa y sus hijos Estrella y Carlos, huyendo de su padre, Cenón que no paraba de mortificarlo con la imprenta que había puesto en Logroño.


Argentina, en aquel momento, estaba considerada como el quinto país del mundo por su economía y su padre, a decir de Carlos, el "único grabador" de Buenos Aires. Era un gran litógrafo y enseñó en la Escuela Superior de Bellas Artes el método para hacer bien las litografías, ya que allí no dominaban por completo todos los procesos.


Maximino no era perfecto artísticamente, pero sí en la técnica. Cuando Carlos tenía 25 o 26 años, su padre le corregía lo que tenía que hacer, pero lo que aprendió lo hizo en la Escuela Superior de Bellas Artes. Él jamás trabajó en la empres familiar, la imprenta Iregua.


La otra hermana de Carlos, Purificación, se quedó en Varea con su abuela y no fue a Buenos Aires hasta el año 1926. Ella siempre consideró una equivocación marchar a Argentina. Sin embargo, Estrella se acostumbró mejor a la vida de esta capital. Estudiaba piano.

 

Antonio nació en Buenos Aires y tenía un temperamento distinto. Era argentino, le gustaba más vivir de noche, era más mujeriego, tenía una gran habilidad para hacer cosas bonitas. Decoró el cabaret "Copacabana" en Brasil. Abrió un cabaret en Mar de Plata, el "Pinocho" pero fracasó y lo perdió todo. Se fue a Uruguay. Tuvo también una ruleta en Sao Paulo, "Quintadiña" era su nombre. No le gustaba España, le parecía aburrida para su espíritu más movido.


La hermana pequeña, Carlota, falleció muy joven de cáncer.


Carlos había cumplido dos años cuando zarparon de un puerto de Galicia, que no recuerda, en el barco alemán Cap Polonio y llegaron a Buenos Aires diecisiete días después. En el trascurso de la travesía, se puso enfermo y su madre se llevó un gran susto cuando le dijeron que, si moría durante el viaje, en vez de enterrarlo, lo tirarían al agua.


Durante los años de escuela, conscientemente fue perdiendo el acento para evitar que le llamasen "gallego", aunque en su casa siempre se habló en español castizo. El modo de hablar argentino nunca le gustó.

 

Carlos. 1920


A los once, vuelve a España y permanece casi dos años en Varea. Vino a buscar a su hermana Purificación, para que se fuese acostumbrando a vivir con su mamá. Estos dos años en el pueblo lo dice una y otra vez fueron los más felices de su vida. Varea era una aldea, sólo tenía la calle mayor y la calle menor. Aquí asistió a la escuela, que estaba cerca de la iglesia, y recuerda cómo el maestro, un tipo flaco, le daba con una varita de mimbre en la punta de los dedos cuando hacía algo mal. Los muchachos le tenían un poco de temor. Rememora, también, cómo fue monaguillo a los doce años con un cura que se llamaba Gregorio; cómo llevaba las vacas a pasear; lo mucho que le gustaba estar en el campo, recorrer las huertas, recoger la fruta ...


En Argentina, no tuvo mucha educación religiosa, siempre se opuso. Los curas que daban clase, al mediodía, llegaban con un horrible olor a vino. No los soportaba y, además, según cuenta, no trataban muy bien a los chicos.


Entre sus recuerdos, intercala cómo a los once años le cayó un rayo, en el patio de su casa de Buenos Aires, que casi lo deja ciego. Años después, cuando tenía 15 o 16, les volvió a caer otro rayo en la "estanciera" (camioneta) y no les pasó nada, porque, al ser las ruedas de goma, la chispa no llegó a tocar suelo. A partir de entonces, le ha tenido pánico a las tormentas. Cuando vivía en Wilton y se desencadenaba una, se recluía en el baño, porque era todo de madera y pensaba que así se aislaba de este peligro.


Ya en Buenos Aires, a los catorce años, entra en la Escuela de Arte, permaneciendo durante un año en la Mutualidad Estudiantes de Bellas Artes. A los 15 -era la edad mínima- hizo el examen y, aunque fue el mejor estudiante de todos, le aprobaron de manera condicional. No obstante, ingresó en la Escuela de Artes Decorativas de la Nación, donde permaneció hasta los 19 años.

 

Pintando en Puerto Madero


En esa época, hacía dibujos originales para componer afiches para Binelli, un cliente de su padre. Todo estaba relacionado con la publicidad de remates de promoción de terrenos.


Unas primeras muestras artísticas las encontramos en el cartel anunciador de cigarrillos "Chance",' que firma en el año 1931, o en la cubierta de un "folletín" titulado "El derecho de matar", de diciembre de 1932. También en las ilustraciones que hace para la Revista Billiken, de la editorial Atlántida, sin cumplir los veinte años. Entre otras, citaremos: "Vida y costumbres de los esquimales", "Viviendas tipicas y curiosas", "Historia del vestido", "Tipos y costumbres de China" y "Unidos en sus niños, todos los pueblos marchan hacia su bienestar y felicidad".

 


Ingresó luego en la Escuela Superior de Bellas Artes. La estancia en este Centro no fue fácil, ya que Alfredo Guido, su director, era un fascista -se formó en Italia imbuido de los principios del fascio- que obligaba a seguir la línea que él marcaba y, claro, Carlos prefería seguir sus propias invenciones. La relación entre ambos nunca fue buena, a pesar de que trabajaron juntos en algunas obras.

 

A partir de estas fechas, 1933, comienza una incesante actividad con colaboraciones en diversos medios y concursos de los que los diarios se hacen eco. Así, La Prensa (26 de febrero) publica una litografía original de C. Ochagavía, con motivo del IV centenario del nacimiento de Miguel de Montaigne. El texto lo firmaba Ricardo Sáenz Hayes.

 

 

El 22 de mayo de ese año, la Novela Semanal, titulada "1810" sale con una portada de Carlos.

 

El 22 de agosto, ilustra la portada de la revista Maribel que nos recuerda inevitablemente a los trabajos de Rafael Penagos.


1 de diciembre, en La Nación, se publica la adjudicación de premios en un concurso de "affiches". El cartel "Coq coq" obtiene una recompensa de 200 pesos. Era de nuestro artista.


El 16 de diciembre, los medios informativos destacan la exposición de pintura y escultura de la Escuela Superior de Artes, diciendo que Carlos Ochagavía "muestra proyectos de escenografía bastante discretos".


El 22 de febrero de 1934, hace donación a la Mutualidad Estudiantes de Bellas Artes de un grabado en color, "Obreros trabajando" del que es autor.


En abril, recibe el primer premio en el concurso de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales). Asimismo, en estas mismas fechas, la "Comisión Nacional de Cultura" adjudicó los premios instituidos en el Salón Nacional de Artes Decorativas y Aplicadas; en el apartado "Ilustración y affiches", el primer premio, 1000 pesos, fue para el señor Carlos V. Ochagavía.


En mayo, la portada de ARS (Revista Oficial de la Mutualidad Estudiantes de Bellas Artes) es una xilografía de Carlos titulada"'Serenata Marina". En la página 14, se anuncia que el "affiche" perteneciente a C. Ochagavía mereció el primer premio en el concurso anunciador del XVI Salón Anual. Un artista bohemio, casi un autorretrato, caminando feliz, era el tema.

 


Una tarjeta-díptico, bajo el nombre de TE Y DANZA, se publica el 6 de mayo de 1934, con motivo de una fiesta de estudiantes de Bellas Artes. El dibujo, un batería negro en plena acción, es de Carlos Ochagavía.


Los principales diarios de Buenos Aires: La Prensa y La Nación, nos ilustran, en julio y agosto, el éxito alcanzado por Carlos con las litografías en tres colores, tituladas "Signos del Zodiaco", con las que obtuvo el primer premio en el XX Salón Anual de Acuarelistas y Grabadores.

 

Carlos recuerda cómo hizo esta colección litográfica sin consultar con los profesores. También, cómo en otra ocasión, siendo el concurso secreto, le dieron el primer premio (1.000 pesos) por un cartel; los participantes se presentaban bajo seudónimo. Cuando Guido, que estaba en el jurado, se enteró, le dijo a Carlos delante de otros compañeros: "le dimos el premio, pensábamos que era de Centurión" (Emilio Centurión era un gran maestro de la Escuela), con lo que pretendía ridiculizarlo, pero, realmente, lo que estaba mostrando era la envidia que le tenía, dada su habilidad artística.

 


En febrero de 1935, gana el primer premio del concurso "Consuma Manteca, Ganará Salud", organizado por la Junta Reguladora de la Industria Lechera.


En julio, en el concurso de carteles organizado por la Unión Industrial Argentina, alcanzó el segundo premio con la obra "Labor". También fue premiado en el concurso del Partido Demócrata Nacional con 200 pesos, en septiembre del mismo año.


Todos estos carteles, en cuanto a estética, son producto de lo más novedoso del momento. Tienen ese punto ''decó" que los hace tan singulares y tan característicos.


Sus habilidades se desarrollaron, además, en la pintura mural. Así, trabajó con otros compañeros y Alfredo Guido en la factura del fresco para la Sociedad Rural Argentina. Recuerda que había que pintar muy rápido, antes de que se secase.

 


Esta actividad la continuó en 1936 con las decoraciones murales de la Escuela Petronila Rodríguez de Buenos Aires. El fresco realizado en el patio cubierto ilustraba la "Llegada de Juan de Garay al Río de la Plata". Otros más hacían alusión al país y al paisaje argentino, tal y como informaba La Prensa el 9 de enero.


En esas mismas fechas, hace una pintura mural para la confitería "El Cabildo", una de las mejores de Buenos Aires. Durante un mes de verano estuvo trabajando desde las diez de la noche hasta la madrugada. Hizo dos escenas: Buenos Aires antiguo, con las carretas, los bueyes... y Buenos Aires moderno. La confitería estaba situada entre las calles Esmeralda y Corrientes. Las pinturas tenían aproximadamente 2,50 x 4 metros. Las escenas eran bastante realistas y reflejaban la vida de la colonia argentina y las hizo en honor del Cabildo de Buenos Aires. Hoy ya han desaparecido.


En 1936, la Comisión Nacional de Cultura, en el Primer Salón de Decoradores, premia el afiche de Carlos Ochagavía.


Ilustra con once dibujos el libro de Jorge de Andrada seudónimo de Pilar Chicasalas- titulado "Por Nuevos Caminos" y estaba dedicado a los niños de tercer grado de las escuelas primarias. La noticia se recoge en varias revistas y periódicos en mayo de 1936.


Su obra "Composición", presentada al XXII Salón Anual de Acuarelistas recibe las mejores críticas de La Nación el 29 de Julio de 1936.

 

En septiembre, consigue el 4º premio en el concurso organizado por la Grace Line con el fin de promover el turismo en esa línea marítima. Carlos quería salir de Argentina, se sentía encerrado y, entre las posibilidades que le ofrecieron, eligió la beca para estudiar durante siete meses en la Art Students League de Nueva York.

 


El 8 de enero de 1937, se le comunica, por parte de la Comisión Nacional de Cultura, que le ha sido otorgado el primer premio de la Sección Ilustración y affiche", en el Salón Nacional de Artes Decorativas y Aplicadas.


Este mismo año, por medio de una muchacha de Buenos Aires, tuvo la oportunidad de participar en un concurso para pintar murales en el edificio del Congreso de EEUU (Washington). Había que enviar como prueba el boceto de la obra y un trozo de fresco para demostrar que se sabía hacer. Pasado mes y medio, supo que la obra había llegado fuera de plazo y que el fresco se había destrozado en el viaje. No obstante, alabaron su dibujo y le dieron 300 dólares por su participación.


En julio, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto recomienda a los Agentes Diplomáticos y Consulares de la República y a las Autoridades del tránsito que le presten los auxilios necesarios al señor Carlos Víctor Ochagavía, por cuanto parte al Exterior para disfrutar de la beca de la Grace Line.


El v¡aje se llevó a cabo en la segunda mitad de 1937. Salió de Buenos Aires en tren, hasta Potosí. Recorrió gran parte de Bolivia y se embarcó en Mollendo (Perú). El barco zarpaba de Chile, subía por toda la costa, cruzaba el canal de Panamá y, tras pasar por el límite de Cuba, arribaba a Nueva York. Aquí se produce su deslumbre. Cuando llega ve helicópteros, dirigibles, orquestas con "majorettes" en la calle... le pareció ue entraba en el paraíso. Su madre, por el contrario, se llevó un gran disgusto cuando se fue, por lo que le podía pasar, y quedaron en que todos los jueves le escribiría.

 

Apenas sabía inglés. Recuerda cómo, justo a la llegada al puerto de Nueva York a una pregunta del aduanero, no supo resonder "inside" y eso le produjo el primer embrollo. Aprendió inglés de la manera más dura. Llevaba, eso sí, la recomendación diplomática. Lo alojaron en la Asociación Cristiana de jóvenes. Estando allí, se fue a la piscina, le gustaba mucho nadar, y descubrió que todos estaban desnudos. No volvió más. Luego supo que en esa sociedad había muchos gays.


Fue a la Art Students League, teniendo, entre otros, como profesor a Morris Kantor (Rusia, 1896 América 1974). Allí conoció, además, a la que sería su primera esposa. Recuerda que no era costumbre saludar al entrar en clase. "Llegué el primer día, dije: good afternoon, y nadie contestó. Pensé: no me habrán entendido, lo pronunciaré mal... El segundo día, volví a insistir: good afternoon... y me miraron como si estuviese loco. Ya no lo dije más. Y es que EEUU es así".

 

El país le encantó, pero casi no hablaba el idioma. Entonces, una chica se le acercó, empezó a entablar relaciones con él y, de ese modo, fueron aprendiendo él inglés y ella castellano. Con el tiempo, le presentó a sus padres, muy cordiales, y a sus cuatro hermanos. Todos tenían coche. Cinco chicos, cinco coches.


En principio, lo acogieron muy bien, pero, cuando vieron que la cosa podía ir a mayores, los padres lo rechazaron, pensando que sólo quería su dinero. Eran muy ricos y lo consideraban una especie de gigoló. Ella se llevó un gran disgusto y, a partir de entonces, se entabló una lucha continua.

 


En 1938, Phyllis (así se llamaba la chica) quería escribir un cuento para niños. Dijo en su casa que se iba de viaje con una amiga y se marcharon juntos a Tampa (Florida). Aquello era una maravilla. Alquilaron una "cabina" (un apartamento) y todos los días hacía una ilustración para el libro. Un mes después, más o menos, dieron por acabado el trabajo. Así nació "Las Aventuras de Moko". Consultaron con distintas editoriales y, aunque les decían que faltaba un poco de color, les parecía muy bueno. Pero el problema era el gran cuchillo que aparece en las escenas para matar al "chanchito" (cerdito), y no hubo manera de publicarlo (hay que entender la idiosincrasia de los americanos ... ) .


Aquel año, estando en la Escuela de Arte de Nueva York, participó en un concurso patrocinado por el gobierno polaco, pero lo ganó Guayasamín. Hizo buenas relaciones, lo que le serviría para las ocasiones siguientes. No obstante, volvió a Buenos Aires en el segundo trimestre.

 

 

En Julio, participa en la Exposición de pintura y escultura de artistas argentinos descendientes de vascos, que se realiza en los salones del club Cure Echea, con la litografía "Los Gauchos". El escultor Luis Narbondo presenta en la misma una obra en bronce titulada "Retrato del pintor Ochagavía", firmada y fechada en 1936.

 

Caricatura hecha por Phyllis. 1938 // El día de la boda con Phyllis. 1939


Las relaciones con Phyllis continuaban y en 1939 se casó con ella. El día de la boda, la familia les hizo una gran fiesta, pero Phyllis se pasó toda la noche llorando ¿Qué le habían dicho?... "Seguramente, que la iban a desheredar si seguía conmigo".


Dada la mala relación con la familia de su mujer, deciden volverse a Buenos Aires hacia 1940-1941. Seguían pensando que él era una especie de gigoló que se había casado con hija por el dinero. No lo consideraban de la misma clase social que ellos y, a partir de ahí, procuraron recuperar a su hija cómo fuese. Le daban todo tipo de parabienes y dinero cuando estaba con ellos, pero, en cuanto se volvía a Buenos Aires, no le mandaban ni un dólar.


En estas fechas estuvo enfermo. Entre 1942 y 1945 vivieron en Aedo (Buenos Aires). Allí tendrán a sus dos hijos: Daniel (1943) y Cristina (1944). Se llevaban año y medio aproximadamente. Hizo un retrato al pastel de Daniel cuando tenía un año.

 

Retrato de su hijo Daniel. 1944 // " Una América una acción "


Su labor como ilustrador seguía en marcha. De esa época conocemos el cartel de: UNA SOLA AMERICA, UNA SOLA ACCION... (1943). También el de "BALLETS", firmado y fechado: Ochagavía / 43.


Durante estos años, trabaja en el Banco Central de Argentina. Diseñará una serie de billetes para esta entidad y realiza un mural que hoy se encuentra en el Museo Histórico y Numismático Doctor José Evaristo Uriburu (Hijo), del Banco Central, en la Sala de Exposiciones transitoria, de unas dimensiones aproximadas de 4 por 2 metros y medio y, según consta en la leyenda, es un "Mapa ejecutado con elementos del siglo XVII. Por Carlos Ochagavía. 1944"; otra cartela nos aclara que se trata de la "Región meridional de la América del Sur". Por entonces, el Director del Banco Central era Otto Previs, un tipo muy importante y que lo apoyó mucho.

 

 

Cuando el Coronel Juan Domingo Perón es nombrado Vicepresidente, en 1944, tras el golpe de estado dado por el General Edelmiro J. Farrell, quien ocupó la presidencia, las cosas comenzaron a ponerse difíciles y más a medida que Perón iba ganando poder. Recordemos que, siendo ya General, fue elegido Presidente el 24 de febrero de 1946. Por esas fechas, Carlos es despedido del Banco, junto con otros muchos y, ante la comprometida situación económica, se pone a trabajar por su cuenta.


Se traslada a USA. El primer agente comercial con quién trató fue con Johnson, aunque no llegó a colaborar con él. El segundo fue Lynch & Meir. Ayudado por la familia de su esposa, los Jones, muy ricos e influyentes, pero no muy bien intencionados, trabajó para Lynch haciendo la serie de doce dibujos, uno por cada mes del año, para la campaña publicitaria de Aspirina Bayer, si bien no le pagaba demasiado.


Así, permaneció en Nueva York, en una casa de su suegra, enorme caserón, en el que hacía un frío tremendo, tanto que enía que dibujar con guantes, pues, para más dificultades, él trabajaba arriba, en el desván. Esta casa, una vez acabada la guerra, la vendieron a Rockefeller.


Por esas fechas, los Jones se fueron a vivir a otro edificio y, según la ley, si no se estaba empadronado, no se podía permanecer más de dos días en la misma casa, a riesgo de ser detenido como maleante, por lo que tuvo que irse a una residencia de estudiantes y allí acabó los dibujos de la Aspirina.


La familia le consiguió otros encargos y le hicieron ganar bastante dinero, a base de dibujar muchas horas. Cuando Johnson se enteró de que trabajaba para Lynch, que no era muy de fiar, se enojó bastante con la familia y le dijo a Carlos que así no llegaría lejos.


Años más tarde, estando ya con Jeff Lavaty, éste le comentó: ,vamos a ir a una galería muy buena", y resultó que era la de Johnson ¡Lo que son las cosas!.


Recuerda cómo los agentes de arte gráfico le insistían él era muy tímido que tenía que darle a su trabajo un carácter americano.

 

Acabado lo de Aspirina, regresa a Buenos Aires en un Victory (barco militar). Poco tiempo después, enfermó de tuberculosis. Tenía 33 años. Creyeron que no se recuperaría, pero es ingresado en el Hospital de Ascochinga (Córdoba) -hospital para gente de alto poder económico- y, tras nueve meses, a base de buena comida, espinacas, calcio y los consejos de un médico suizo amigo, logra reponerse completamente.


A pesar de todo, sigue triunfando profesionalmente y recibe en el XXXVI Salón Nacional de Artes Plásticas, sección de grabado, el premio adquisición, por su obra "Fragmento para proyecto de pintura mural". Así se recoge tanto en La Prensa (9 de septiembre de 1946) como en El Mundo (22 de septiembre) o en unas cartas de la Dirección General de Cultura, en las que se le comunica la concesión del premio y se recibe la obra -plancha de zinc- de Carlos Ochagavía.

 


Del 17 de febrero de 1947 data la portada de TIME, en la que aparece el músico Rodzinski.


En esa época, la comunicación entre Nueva York y Buenos Aires era continua. Cuenta cómo tomó el avión, por primera vez, para ir a ver a su hijo. La ruta que hizo fue: Buenos Aires, Río de Janeiro, Pernambuco, Puerto Príncipe y Nueva York. El viaje fue muy duro, le dolían los oídos, había mucho ruido. Le tocó en ventanilla y, aparte del resfriado que tenía, ver las hélices dando vueltas durante tan largo trayecto, no resultaba cómodo.


La Prensa del 9 de abril de 1948, publica el resultado de un concurso de ilustradores, organizado por la Asociación Amigos del Libro para ilustrar en litografía "La campaña del ejército grande", de Sarmiento. El primer premio se declaró desierto, pero se otorgó un segundo premio único de 400 pesos al señor Carlos Ochagavía.

Trabaja, a la vez, para los laboratorios Abbott. Así, se reproducen varias composiciones promocionando el medicamento Diazyl Dulcet, con temas firmados por Ochagavía / 48, titulados "Resolviendo el problema de una angina", "En la edad melancólica", etc.

 

En 1949, funda una revista de aeromodelismo. No había ninguna de este tipo en Argentina. A su hijo Daniel le gustaba mucho este tema y se decidió a sacarla a la luz.


De 1951 data una pintura que hizo para García Mata, su socio productor de películas comerciales en los años 60, titulada el "Juego del pato". Pidió que se la pintase para tener algo más de qué hablar con los clientes cuando venían a su despacho a tratar sobre la carne. Refleja la escena de un juego típico de la Pampa. Los jinetes luchan por conseguir el cuerpo de un pato que está dentro de una bolsa de cuero con numerosas asas.


Entre 1953 y 1954, produce trece películas para la TV de USA. El periódico Última Hora de La Paz, 12 de agosto de 1953, da la noticia de que "se iniciará el rodaje de dos cintas para televisión"; explica que Carlos Ochagavía es el productor de Telecine Argentino, además de aparecer como gerente de la Zinvar Corporation. Téngase en cuenta que las transmisiones regulares de TV en Buenos Aires habían comenzado, con las dificultades que supone, en 1951.


La revista VARIETY, 9 de junio de 1954, nos cuenta un poco el desarrollo de los 13 capítulos, de media hora cada uno, de esta serie titulada "Las aventuras de Jethro Adams". Esta producción de Carlos Ochagiva [sic] -no les debía resultar fácil pronunciar tan largo apellido- fue posible porque Carlos había estado varios meses en Nueva York trabajando conjuntamente con los guionistas y los inversores. La serie se rodaría en cuatro países de Sudamérica: Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia. Aquí, Jethro Adams, un pintor itinerante, encarnado por el actor americano John Mc Quade, pasaría por diversos líos y apuros con las autoridades locales.

 

Con John Mc Quade y el director Borcosque // Rodando en Iguazú. Salto de alvar Núñez.


Carlos recuerda que, de las 13 películas rodadas, dos se hicieron en Bariloche; una en Iguazú; dos en Bolivia y una en la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires. También cuenta que sufrieron múltiples problemas para conseguir película virgen de USA, pues no había manera de pasarla de un modo normal. Así que tuvieron que recurrir al contrabando y lo mismo para sacar del país las ya impresionadas. Había un excesivo control de los políticos. Perón y su "muchachada", sobre todo un tal Apold, la mano derecha del General, les puso todas las trabas posibles. En definitiva, lo que querían era llevarse todos los beneficios que suponían que daban las películas. Aquello fue un fracaso. Les hicieron perder mucho dinero.


Por otra parte, en Italia, y esto les perjudicó bastante, Ponti de Laurentis estaba haciendo películas cortas, con autorización legal, mientras que ellos tenían que hacerlo ilegalmente. Llegó un momento que en USA dijeron que así no se podía trabajar y se acabó.


Entre 1953 y 1954, durante un mes, dio la vuelta a todo EEUU en autobús, por 90 dólares. También estuvo en Hollywood para estudiar el modo de hacer películas más baratas para televisión. Era un viajero incansable. Toda novedad que pudiera conocer, allí estaba él.


En 1955 y 1956, aprendió bastante de Dodal, un checoslovaco que trabajaba haciendo dibujos animados. Tenía una cámara polaca para filmar y la instaló en el estudio de Carlos. Éste hacía los bocetos y Dodal los filmaba. Por ningún motivo quería que le tocase la cámara, y, aunque Carlos no sabía nada de filmar, viéndolo, algo aprendió y, más tarde, ya en LOWE lo perfeccionó.


Los dibujos polacos eran muy duros, los que Carlos hacía eran más suaves. Dodal se lió con Phyllis y, al enterarse, lo expulsó del estudio. Cuando sacó todas sus cosas a la calle, por cartas comprometedoras, se dio cuenta de que éste había registrado a su nombre la propiedad de las películas, sin hacerse ni mención de la autoría de los dibujos. Aquello fue un mal rollo, tanto, que acabó con una úlcera. Para colmo, su hermana había muerto de un cáncer de útero y metástasis al cerebro.


Las relaciones con Phyllis se complicaron de manera insostenible; su carácter se iba desequilibrando progresivamente, a lo que ayudaba su adicción a la bebida. Los constantes viajes de ¡da y vuelta a casa de sus padres en Nueva York y el continuo lavado de cerebro a que la sometían, la llevaron a mantener extrañas relaciones y acabar separándose. Lo hizo en Alabama, Estado en el que uno se puede divorciar sin contar con la parte contraria.

 

Y además, se llevó a los hijos, por lo que se quedó solo y pasó mal.


En 1959 muere su hijo Daniel. Esto le supone tal golpe moral que tardará muchísimo tiempo en superarlo... Daniel era sumamente inteligente, un genio. Desde muy joven hacía sus cámaras fotográficas. Estudió óptica, también astronomía, tanto que, como anécdota, fue capaz de corregir la fecha de un eclipse que se había publicado mal en una revista científica. Estando en Buenos Aires, por una herida que se había hecho en un pie, muere de gangrena. Lo mantuvo en secreto y, para cuando quisieron curarlo, no hubo nada que hacer. Posiblemente -era diabético y no lo sabían- la herida no cicatrizaba y se produjo la infección generalizada. Cuando Phyllis, de la que ya estaba separado, llegó de Nueva York, la escena no pudo ser más horrible, pues, además de amenazarle de muerte, entre otras cosas le dijo que él había matado a su hijo y se llevó el féretro a USA para enterrarlo.


En estos años, cuando trabajaba para LOWE (1959) (empresa que hacía y vendía películas comerciales), estaba muy desorientado, sin saber para dónde tirar y empezó con la "animación". Hacían películas de publicidad que duraban 20 segundos y terminaban con un cartel final fijo. Realizó innumerables películas de este tipo.


Más tarde, la situación política hundió a LOWE. Le hicieron una propuesta para que él continuase con la producción, pero le pareció que traicionaba a la empresa, ya que él había trabajado allí. Así que esperó a que LOWE acabara y, entonces, comenzó él a hacer las películas por su cuenta. El hecho de que le pagaran con pagarés, difíciles de cobrar, acabó arruinándolo también.


En 1960, interviene en la película "Yo quiero vivir contigo", dirigida por Carlos Rinaldi, que cosecha una malísima crítica por el contenido, actores, etc. aunque, a decir verdad, se destacaba que... "Lo mejor de la película es su excelente presentación, francamente inusitada en nuestro medio". Naturalmente, era de Carlos Ochagavía. Del mismo tenor es una nota aclaratoria, titulada "Al César lo que es del César", que se publica en Clarín el 30 de mayo de dicho año.

 

Cuando todavía estaba con Phyllis, conoció a Graciela Rodo Boulanger (artista ilustradora de libros para niños, nacida en La Paz Bolivia en 1935, de gran prestigio en la actualidad y con la que mantuvo y mantiene una gran amistad) y, en enero de 1961, él le aconsejó que, si quería prosperar, se fuese a USA. Así lo hizo, estableciéndose en Nueva York. De este modo, acabó el romance en el que ella, incluso, le había propuesto casarse.

 


Trabajando todavía en LOWE, hizo, en 1961, "La escoba de Lucinda", película de animación de 9,30 minutos de duración, cuyo argumento es una especie de cuento de cenicienta en el que, dependiendo de si es la realidad o si son los sueños, se utiliza el blanco y negro o el color. La música y efectos de sonido son de Tito Rivero. Los personajes que retrata están tomados de la vida diaria. Uno de ellos, por ejemplo, era su cuñado. Técnicamente son 12 dibujos por segundo, de los que él sacaba 24 fotogramas para que el movimiento fuese más suave. Hizo unos 7.000 dibujos a lápiz que, más tarde, se perforaban en papel. Una chica los pasaba a tinta y otro muchacho les daba el color donde él le decía. Fue muchísimo trabajo y no lo volvió a repetir.

El éxito de la película fue tan grande que los más diversos medios se hicieron eco de su bondad. Así, participó en el Festival de Tours en 1962 y, si lo hizo "fuera de concurso", es porque la cinta no llegó a tiempo de incluirla en la competición. La crítica de Philippe Durand en "Cinémas'' es suficientemente esclarecedora de su valía. Seleccionada también para el Festival d'Annecy, en el Vth International Animated Film Festival, en 1963, es igualmente reconocida.


La Prensa y Clarín recogen, en abril de 1963, los Premios Oficiales a la Producción Cinematográfica Argentina de 1962 y en la primera serie de cortometrajes está incluida "La escoba de Lucinda". Los mismos diarios refieren en enero de 1964 la concesión de la plaqueta de plata a este film en el III Festival para niños de Necochea.


En este año de 1964, el Premio Instituto Nacional de Cinematografía, a la mejor película nacional (Cabildo de Oro), fue compartido entre los films "La Pared" y "La escoba de Lucinda", como reconocimiento al alto nivel alcanzado por el dibujo animado argentino.

 

 

Tras recibir el premio de 400.000 pesos del citado Instituto de Cinematografía, y habiéndole sido concedido un préstamo de 80.000 pesos por parte del Fondo Nacional de las Artes para que desarrollara estudios en la producción cinematográfica de cortometraje, especialmente sobre dibujos animados, además de comprarse un Peugeot, se viene, en avión, a Europa. España ya la conocía, pero no el resto del continente. Para él Europa era "como un cuarto oscuro". Viajar durante varios meses fue un gran descanso. Aquello era una maravilla: los castillos, los quesos, los dulces... increíble.

Le invitaron también a participar en el Festival de Venecia de cine publicitario. El día del Festival, compró una casa rodante y recorrió durante tres meses buena parte de Europa: Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Italia, Grecia, España, Portugal.... En los álbumes de fotos, se pueden ver, entre otras, las ciudades de Chartres, Brujas, Venecia, Reuter, Roma, Florencia, Atenas, Heidelberg...


Junto a la actividad de la "animación" y la labor de ilustrador, lo que le supone hacer continuos viajes entre USA y Argentina a lo largo de estos años, realiza, también, obras escultóricas. Le ayudaba a relajarse.

 


Conoce a Martha en 1965 y se casa con ella el 20 de septiembre de 1967. Seguidamente, se fue a USA, por un período máximo de tres meses, ella se quedó en Buenos Aires.


Preparó, al efecto, varias muestras y se fue a Nueva York. Allí buscó un agente de publicidad. El primero, le ofreció ilustrar libros técnicos y no aceptó. Con otro tampoco consiguió trabajo. Pero dejó al mejor para lo último. Este era Lavaty. Le aconsejó adaptarse al sistema, al estilo americano. Le dio un plazo de 15 días para ver cómo trabajaba... y, a los 10 días, le ofrece hacer la cubierta de una revista llamada News Time. Hizo un diseño surrealista y se lo aceptaron. A partir de ese momento, los americanos quisieron que la segunda tapa fuese también del mismo estilo. Ellos son así, te encasillan y ya está.


Una vez que comienza a trabajar con los Lavaty, Frank, el padre, y Jeff, su hijo, de quien decía que era su socio, no se prodiga tanto en Buenos Aires. Le gustaba más el sistema de trabajo americano. Ellos le encargaban un trabajo, él realizaba los bocetos y dibujos definitivos, se valoraban y, una vez que todo estaba correcto, lo vendían y, como comisión, se quedaban con el 25 por ciento. En cuanto a los impuestos, cada cual pagaba lo suyo. Carlos pone de manifiesto el trato tan serio, honesto y profesional de esta gente. Nunca tuvo el menor problema ni en lo artístico ni en lo económico.

 

La casa de Wilton y Carlos pintando el el estudio


Por otra parte, la vida en Argentina se hacía cada vez más difícil, sobre todo, para los pintores. Sólo hay que repasar los acontecimientos políticos de esos últimos años. Así que, en 1975 se va definitivamente y se establece en Wilton (Connecticut).


Entre los múltiples trabajos que le proporcionaba su agente, llegó lo de IBM. Preparó ocho bocetos para la promoción publicitaria, pero, aunque les gustaron muchísimo, al final, los de IBM prefirieron continuar su campaña con motivos fotográficos, porque les parecía más moderno. A Lavaty no le importó, ya que, más tarde, los ofreció a otros clientes y, además de fama, obtuvo mucho dinero por ellos. Eran al estilo de Rousseau. Podemos decir que éste fue un buen comienzo para casi cuarenta años de trabajo juntos.


En junio de 1981, Lavaty lo envía a Acapulco con el fin de que desarrolle ideas para una campaña de publicidad de uno de los hoteles de lujo de la zona. Le presenta una serie de pinturas, al estilo Rousseau, aunque con su sello personal, y obtiene un gran éxito, tanto que otros empresarios de hostelería le encargan trabajos similares. Uno de los más significativos lo realiza, en mayo de 1986, para el Hilton Hawaiian Village. Estuvieron casi un mes en Hawai en este Hotel de todo lujo.

 

Chivas Regal, 1982 // Inauguración en la River Gallery


A la vez que produce un sinnúmero de ilustraciones para revistas, portadas de libros, publicidad, etc., se centra más en la obra pictórica. Y, aunque ya en los años 1962 y 1963, había expuesto individualmente en Buenos Aires, en la Galería Rubio y en la Galería Plástica, respectivamente, además de participar en algunas otras colectivas, se decide a exponer, de un modo más profesional, mostrando su obra en la River Gallery de Westport entre octubre y diciembre de 1985.


Se jubiló en 1987, sin cumplir los 75 años, pero siguió trabajando y cotizando como si estuviera en activo. Continua con las ilustraciones, destacando, entre otras muchas, la que hace para Popular Mechanics, en 1989, un gran mapa de EEUU, animado con personajes según las características de los diferentes Estados. También, la reproducida por TIME en su campaña de protección del medio ambiente y que se anunciaba con un contundente "Help save it ! ".


De gran renombre fue, en 1990, el encargo, por parte de la Administración Postal de las Naciones Unidas (UNPA), de tres composiciones sobre el medio ambiente para ser reproducidas, cada una dividida en cuatro, como estampillas postales. Se sellaron por primera vez el 15 de marzo de 1991.

 


A finales de 1993, se trasladó de Wilton a Norwalk; cambió la nieve y los árboles tan frondosos -estaba ya cansado- por la vista del mar. Vivía en un apartamento con muelle para el bote.


Expone, años después, en: The National Art Club de Nueva York (1996); Leon Keuninckx Gallery, Grand Rechain, Bélgica (1997); Robert Thomas Gallery, Winter Park, Florida, USA (1998); y Centro Cultural Borges, Buenos Aires (2005). Como muestras colectivas, interviene en la Galería RR, París (1997) y en el Salon de Noél, Galerie Evasion, Waremme, Bélgica (1998).

 


La ilustración producida para el Boletín de la Universidad de Nueva York, en 2001, nos confirma que sigue estando en plena forma, pero, poco a poco, las computadoras van reemplazando y relegando aquel modo de trabajo, así que, con cierta decepción, da por acabada esa etapa y decide retornar a Buenos Aires. Era el 14 de julio de 2003. No obstante, su idea era volver a España, a Logroño, a Varea. Idea que todavía acaricia y que quiere hacer realidad: volver a sus orígenes.

 

 

Obra suya se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes y en el Museo Nacional del Grabado, de Buenos Aires, así como en numerosas colecciones privadas de Argentina, Estados Unidos de América y Europa.


De sus estudios de Wilton y Norwalk, en Connecticut (USA), Buenos Aires (Argentina) han salido obras de tan variada garna que las podríamos encuadrar en movimientos como el hiperrealismo, cubismo, surrealismo, ingenuismo y otras directrices de la época que le ha tocado vivir.


Entre los muchos temas que fueron saliendo durante esos nueve días, quedó muy claro que no le gustan en absoluto ni las computadoras, ni lo que llaman "arte concreto", ni que los críticos de arte no digan nada de lo abstracto...


Carlos admite estar influido, a veces, por los mejicanos. Por ejemplo, "la toalla azul" recuerda a Diego Rivera. Piensa que Tamayo es bueno, pero tiene cosas desequilibradas. Que Frida Khalo es un producto de lo que hoy llamaríamos prensa rosa. No era buena como pintora. Su obra es una operación de marketing; valiéndose del morbo de que si la operaron muchas veces, que si era comunista, etc., han sido los críticos quienes han manejado el tema y sus "autorretratos" han pasado a valer millones y millones. Que Ku¡ka, otro ejemplo, el de los colchones forrados de plástico con un mapa dibujado en la funda, es marketing puro; está tan apoyado por los judíos que, al principio, aunque perdía el 10% en cada operación, pudo persistir hasta que se cotizó a tope. Pero, ¿a quién vas a convencer de que es una porquería si tiene tanta fama?.


Mantiene su interés por entender la vida y obra de Picasso, de quien piensa que era, más que un gran pintor, un extraordinario diseñador. El Guernica es uno de los mejores carteles jamás dibujado. Comenta lo difícil que se le hace comprender ciertas cosas del arte moderno y cómo le gustaría poder aprender algo de todo lo último que se está haciendo, pero no hay manera.


Por otra parte, repasando los álbumes de fotos, retazos de vida v saltos en el tiempo, sabemos que viajó por España en 1972, que volvió en 1983, 1988, 1990 y varias veces más. Nos enteramos, también, de que su padre, Maximino, murió en 1990 con 96 años y que fue a USA cuando tenía 90 y estaba aprendiendo inglés.

 

Hasta aquí, la larga lista de obras y actividades realizadas por Carlos Ochagavía. Pero, a pesar de la inusitada actividad, de la producción continua de dibujos e ideas innumerables, de un ir y venir sin fin, nada tendría sentido si lo que se hubiera hecho no fuese de calidad. Por eso, celebramos hoy, no sólo la multiplicidad de trabajos y labores, sino su "buen hacer".

 

Su hablilidad, su preparación y su ingenio, han hecho posible que estemos hablando de una serie de obras que, además de la excelente factura técnica, muestran ese punto diferenciador, esa "gracia", que sólo los grandes artistas son capaces de transmitirnos.

 

Decíamos que Carlos era un hombre bueno; como persona parece indudable, como artista es evidente. Por las circunstancias, tuvo la ocasión de demostrarlo allí donde fue, porque habiendo recorrido tantos lugares, uno acaba siendo de todas partes. Pero, por suerte para nosotros, él sigue siendo de donde nació, siente sus raíces en esta tierra y, tal vez por eso, siempre ha tenido en ella un agarradero, aún en los momentos más dificiles, en los que uno no parece ser de ninguna parte.

 

Él es un emigrante y allí donde fue lo trataron bien, pues hizo porque lo trataran bien. Ahora vuelve a su lugar de orígen, con todos sus cambios y todas y todas sus diferencias. Tampoco él es aquel niño de entonces y sólo piensa en que aquí puede ser felíz hasta el final, porque la vida sigue y, mientras haya ganas de aprender, y él las tiene, haya ganas de hacer, y él hace, haya ganas de vivir, y ese es el mayor regalo, no faltarán frutos que celebrar una vez y otra vez.

 

Carlos Ochagavía, más conocido fuera que dentro, es uno de los grandes artistas americanos, sur y norte unidos en una sola persona, a la que todavía no le ha llegado el "boom" definitivo, pero que, más antes que después, le llegará y, quizás, este Galardón sea el encendido de esa mecha que nos lleve a la explosión de una gran obra para el disfrute de todos aquellos que sean capaces de entenderla. Y Carlos lo ha puesto fácil. Sólo hay que dejarse llevar, sentir el gusto por lo bien hecho, disfrutar de la felicidad que nos provoca ese buen hacer, para pensar que todavía hay esperanza, que hay parcelas en nuestros sentimientos que nos realizan mucho más que el transcurrir diario. Y esto lo puede dar el adentrarse, el ser partícipe de una obra maestra, en la que el artista ha sabido dar ese toque mágico que nos enaltece al contemplarla y entenderla, aunque sea de modo inconsciente, tanto como a quien la creó.

 

 

Diario LA RIOJA. Domingo, 26 de noviembre de 2006

Artículo por Enrique Martínez Glera.

 

UN HOMBRE BUENO

 

Carlos Ochagavía murió ayer Sábado. El profundo pesar por su muerte, y sobre todo porque no haya sido aquí, me produce la extraña sensación de que, al final no se cumplió su deseo, aunque tuviese en mente volver de nuevo a Logroño y su Varea natal en abril o mayo próximos. Este pensamiento ha alimentado y alegrado sus últimos momentos.

 

La concesión del Galardón a las Bellas Artes Riojanas el pasado mes de mayo y las dos semanas que permaneció entre nosotros resultaron para él el premio a toda una vida. Fue tal su felicidad que hasta pareció rejuvenecer. Tras su marcha a Buen