Por
la noche salimos a conocer el barrio musulman. Nos
da la sensación de estar en otro planeta, entramos
en una casa-museo del siglo , preciosa, una joven
toca una musiquilla que da mucho ambiente. Visitamos
toda la casa y una guapísima chica nos "invita"
a tomar el té. La ceremonia dura más
de media hora y nos va preparando diferentes tés,
todos muy arómaticos.
Al
salir llovía una barbaridad y, por no dar más
vueltas entramos a un restaurante cercano, está
a tope de gente (será que se come bien), nada
más sentarnos nos acosan dos camareras vestidas
de uniforme de cervezas diferentes y cada una insiste
un montón (todo ésto en chino) en que
pidamos la suya, pedimos Heineken. Cuando se van las
señoritas empezamos a fijarnos un poco mejor
en el restaurante; mogollón de luz fluorescente,
mucho ruido y con pinta de guarro (hemos entrado huyendo
de la lluvia y no era cuestión de irse). Imposible
reconocer nada de lo que están comiendo y la
carta está en chino, señalamos lo que
nos pareció más normal y a ver que pasa.
Los de las mesas de alrededor nos ven como bichos
raros, todos muy sonrientes eso sí, pero no
dejan de mirarnos. No voy a describir la comida, simplemente
o super picante o repugnante, optamos por lo super
picante, no recuerdo cuantas cervezas bebimos.
Fue
una noche extraña, con tanta cerveza no queríamos
volver al hotel, pero no sabíamos donde meternos.
Callejeando nos encontramos una puerta iluminada con
pinta de que se podía tomar algo, subimos unas
escaleras y unas señoritas nos invitan a entrar,
es una sala de fiestas, que bien, nos ponen en una
mesa cerca del escenario. El espectaculo muy bueno,
la gente va muy elegante, musicón en dirécto,
un cantante muy cursi que luego vimos en la televisión
recibe muchísimos aplausos y ramos de flores,
al cómico no le entendíamos nada, pero
nos reimos mucho porque era como Chiquito de la Calzada.
De repente, apagan las luces y entran en el escenario
unos soldados armados, suena no sé qué
himno y al fondo proyectan una película con
imágenes de guerra, sale un tío y empieza
a cantar y, cada vez más emocionado, acaba
besando las botas de uno de los militares, el público
excitadísimo, nos quedamos alucinados. Qué
bien lo hemos pasado, nos vamos a dormir.