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Grupo de
Transexuales, Amigos y Familiares |
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Mi nombre es Iván Jesús Garde.
Nací en Pamplona el
15-06-1966. Me gusta definirme a mi mismo como un hombre normal con algunas
imperfecciones, como todos los humanos.
Mi orientación
sexual siempre ha sido heterosexual, aunque en un tiempo ni yo lo sabia, y mi
proceso lo entiendo como una maduración personal que algunas personas consiguen
muy pronto; quizás porque no se plantean la posibilidad de participar
activamente de su existencia, quizás porque sus imperfecciones no llegan ha ser
tan profundas y radicales. Por otro lado uno no elige la sociedad en la que
nace, pero si puede elegir el papel que quiere desempeñar en ella. Me educaron
en el determinismo y sin embargo, me he podido demostrar a mí, y ahora a
quienes me conocen, que si nos lo proponemos podemos ser dueños de nuestra
vida, siempre se puede elegir incluso en las circunstancias mas adversas hay
posibilidades, basta con saber dosificar la energía y entregarse en el
conocimiento de uno mismo y del entorno, para elegir entre lo que se nos ofrece
aquello que mas tenga que ver con nosotros.
El sexo no es en realidad algo tan
trascendente, como se empeña en que creamos nuestra inmovilista estructura
social, ni hay tantas diferencias entre hombres y mujeres. Hay, si un sexo
reproductivo pero no es la única forma de reproducción en la naturaleza, y la
sexualidad nada tiene que ver con el sexo, pues a mi entender, la sexualidad
humana no es sino una manera mas de comunicación, y por que no, la que mas se
acerca a la perfección, cuando somos capaces de desconectarnos de nuestro
"súper yo"
Sin embargo vivimos en esta
sociedad y estamos subyugados al entorno, todo tiene una significación
unos baremos, si quieres "esto" solo lo obtendrás de "esta"
manera, así luchamos entre la rebeldía y la aceptación de unas normas. Y así
todos nos vamos colocando como piezas de un rompecabezas, de entre donde
se nos coloca, nos vamos zafando transformándonos y transformando el
entorno para encajar, entre el sobrevivir y el vivir. Entre la "necesidad"
y el " deseo", entre la "necedad" y el
"conocimiento". Entre la desidia y la fuerza. Entre la obligación y
el convencimiento.
Este es el resumen de mi vida,
exactamente igual al de cualquier otra persona ¿ O NO?
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Asociación de
Transexuales e
Intersexuales de Catalunya http://pagina.de/atclibertad
Evolución histórica de la transexualidad
Andrea Planelles. : Fecha de
publicación 19-jul-2005::
Contrariamente a lo que algunos presuntos historiadores y filósofos
de medio pelo contemporáneos han pretendido hacer creer a la opinión pública,
la transexualidad no es un fenómeno aparecido en el siglo XX. Sin duda, los
avances acaecidos a finales del segundo milenio, no sólo en el campo de la
medicina, sino en el terreno de las ideas y las costumbres, han facilitado y
acelerado su visibilidad, los medios de comunicación, y algunas manifestaciones
artísticas, especialmente el cine, han contribuido notablemente a la difusión
pública de la transexualidad; pero existen sobradas pruebas de que al menos la
permutación de los roles de género entre sexos y la asunción pública del nuevo
género surgieron a la par que la especie humana misma.
Las referencias más antiguas de que disponemos
pertenecen al Neolítico (aprox.10.000 a. C.. En las sociedades
cazadoras-recolectoras, a los individuos que, o bien nacían con algún tipo de
intersexualidad, o bien se identificaban con el otro sexo, se les
respetaba, se les dejaba elegir el rol sexual que querían desempeñar dentro la
comunidad y eran vistos como signo de buen augurio.
En la mayoría de estas sociedades se les consideraban los
intercesores de los dioses y por lo tanto se creía que eran buenos chamanes.
Esta manifestación transgenérica se ha dado en muchas culturas del mundo.
Entre los sumerios, según evidencias encontradas en el mismo
código de Hamurabi, se reconocía un tipo de mujeres denominadas Salzikrum, un
término que significaría "hija masculina". Una Salzikrum tenía más
derechos que cualquier otra mujer, e incluso podía heredar, cosa no permitida a
las mujeres biológicas, y tenía además una consideración especial como
sacerdotisa.
El mito babilónico del diluvio de Atrahasis, en el que se
basó el bíblico Diluvio Universal, se produjo para frenar la superpoblación de
la época. Según dicho mito, para mantener la población en unos niveles
controlados, tras el diluvio fueron creados unos demonios que aumentarían la
mortalidad infantil, unas mujeres que elegirían la castidad y harían de la
virginidad una cualidad, y otras que no podían procrear a causa de su esencia
masculina.
Los egipcios utilizaron a los dioses para simbolizar las
distintas combinaciones de género y sexo. Según su historia de la creación, el
primer dios, que era a la vez masculino y femenino era Atum, que mediante
reproducción asexual se dividió en dos, Shu y Tefnut, que a su vez dieron lugar
a Geb y Nut, la Tierra y el Cielo, que al combinarse produjeron a Isis, Osiris,
Seth y Neftis, que representaban respectivamente a la mujer reproductiva, al
hombre reproductivo, al eunuco no reproductivo y a la virgen célibe.
Esta historia sobre el origen de los seres arquetípicos
recrea el proceso celular de la meiosis en la reproducción sexual, en el cual
los cromosomas son duplicados, luego mezclados, después divididos, una vez más
mezclados y de nuevo divididos. Mediante esta sucesión de duplicaciones,
mezclas y divisiones un solo ser masculino-femenino, como Atum puede llegar a
generar otros seres como Osiris (masculino-masculino), Isis
(femenino-femenino), Neftis (masculino-femenino) y Seth (femenino-masculino).
Los fenicios adoraban a la diosa Atargatis, que era
hermafrodita, y cuyas sacerdotisas, las kelabim, habían nacido hombres, pero
habían asumido un rol femenino. Esta diosa, conocida también como Astarte, fue
transformada por el cristianismo en el diablo Astaroth.
En la mitología clásica la influencia transexual se pone de
manifiesto en la designación de la diosa Venus Castina, como la diosa que
atiende y responde los anhelos de las almas femeninas que se encuentran dentro
de cuerpos masculinos.
Es frecuente encontrar mitos relacionados con el cambio de
sexo, no sólo como resultado del propio deseo de las personas afectadas, sino
también como una forma de castigo. Por ejemplo, el caso de Tiresias, el famoso
adivino de Tebas; según se cuenta en su historia, estaba paseando un día por el
monte Cileno, cuando descubrió a dos serpientes copulando. Las golpeó con su
vara hasta separarlas matando a la hembra, tras lo cual se transformó en mujer.
Siete años más tarde en el mismo lugar encontró otras dos serpientes copulando
y actuó de la misma manera recuperando entonces su sexo masculino. Mucho tiempo
después, en cierta ocasión en que Zeus y Hera discutían sobre si era el hombre
o la mujer quien experimentaba mayor placer en el sexo, sin ponerse de acuerdo,
decidieron consultar a Tiresias, ya que había podido conocer ambas
experiencias. Como Tiresias, dando la razón a Zeus, contestó que era la mujer,
Hera, contrariada, lo dejó ciego y Zeus para compensarle, le concedió el don de
la profecía y una larga vida.
Otra referencia en la mitología es la de los Escitas, cuya
retaguardia saqueó el templo de Venus en Asquelón tras el repliegue de los
ejércitos que volvían de invadir Siria y Palestina. Se supone que la diosa se
enfureció tanto por ello, que convirtió en mujeres a los saqueadores, y decretó
que sus descendientes sufriesen la misma suerte.
Hipócrates, al describir a aquellos Escitas "no
hombres", que le parecieron eunucos, escribió: "No sólo se dedican
a ocupaciones propias de mujeres, sino que muestran inclinaciones femeninas y
se comportan como tales. Lo atribuyen a la intervención de una deidad".
Hay otra más en el antiguo reino de Frigia, donde las
sacerdotisas del Dios Atis, el consorte de Cibeles, diosa que representa a la
Madre Tierra, tenían la obligación de castrarse como deferencia al propio Atis.
Según los antiguos relatos mitológicos, Agdistis, personaje hermafrodita detrás
del cual se escondería la personalidad de Cibeles, sentía un amor apasionado
por el joven pastor Atis. La semilla de la que había nacido Atis era una
almendra del árbol que había brotado del miembro de Agdistis, una vez cortado
por los dioses que lo castraron y lo convirtieron en sólo mujer. Por este
motivo, Agdistis era el padre de Atis pero, siendo ya sólo mujer, se enamoró
del muchacho cuando este creció y se hizo extraordinariamente hermoso. Atis fue
amado por Agdistis y enloquecido por ella se castró en el curso de una escena
orgiástica, causándose la muerte. Sin embargo, Agdistis-Cibeles lo resucitó y
lo mantuvo para siempre a su lado.
Estas sacerdotisas, tras su castración, solían adoptar
atuendos y tareas de mujeres, y algunas de ellos iban más allá, y además de los
testículos, eliminaban también su pene. El mito de Tiresias, mencionado antes,
tiene cierta similitud con una vieja historia de la antigua tradición de la
India. Según el "Mahabarata", el poema épico más extenso del
mundo, el rey Bangasvana fue. transformado en mujer por Indra, tras bañarse en
un río mágico. Como mujer parió a cien hijos a los que envió a compartir su
reino con los cien que había tenido como hombre. Después se negó a ser
convertida de nuevo en hombre, tras constatar las sensaciones y placeres del
sexo femenino. Contrariamente al destino de Tiresias, al rey transformado se le
concedió su deseo
El "Mahabarata" nos cuenta también la
historia de Amba, una mujer que quiso tener un pene inmenso, y después de
largos años de penitencia y difíciles experiencias con el Yoga, logró dejar de ser
mujer y se transformó en hombre. Por el poder de su mente y por la energía
mística del Yoga obtuvo su deseo. Se transformó en Sikhandi, uno de los
guerreros más famosos de India, luchó contra Bishma y al final, murió como
mueren los hombres.
Otra interesante referencia transgenérica alude a Brahma,
una deidad que no era capaz de crear mujeres, por lo que su hijo Rudra se
convirtió voluntariamente en Ardhanarishwara, cuya mitad derecha era masculina,
mientras que la izquierda era femenina. Posteriormente, para agradar a Brahma,
se dividió, y así surgió la diosa Sati, conocida como "la Real", por
ser la manifestación de la verdadera esencia de Rudra.
En una de las muchas historias populares asociadas con
Bahucharaji (patrona de las hijras venerada en Gujarat), la diosa fue una
princesa que castró a su esposo porque él prefería ir al bosque a comportarse
como una mujer, que acudir junto a ella al lecho nupcial. En otra historia, el
hombre que intentase forzar a Bahucharaji sería maldecido con la impotencia, y
sólo se le perdonaría si renunciaba a su masculinidad, se vestía como una mujer
y adoraba a la diosa.
No son extrañas tantas referencias en la mitología hindú, ya
que el sánscrito tiene una palabra, "kliba", que a lo largo de
diferentes textos Vedas ha servido para describir a los individuos que no
podían considerarse estrictamente hombres o mujeres. Las palabras siempre
surgen cuando la Sociedad las necesita.
En las culturas de la antigüedad indo-europeas la
manifestación transgenérica se continuaba concretando dentro del ámbito
religioso: se captaban hombres para convertirlos en adeptas de una divinidad
(habitualmente relacionada con los ritos de la fertilidad y la vegetación), se
las castraba en un ritual, se las vestía con ropas femeninas y se convertían en
sacerdotisas de dicha divinidad. Ésas eran mujeres muy respetadas que
vivían de las limosnas de los devotos o ejercían la prostitución. Era el
caso de las hijras, Ihoiosais o pardhis de la India. En la actualidad la
figura de la hijra continúa existiendo.
A mediados del siglo XX, en la ciudad india de Lucknow, una
gran cantidad de hijras acudieron a votar en las elecciones haciendo cola en la
fila de las mujeres y sorprendiéndose de encontrar sus nombres entre los
votantes masculinos. Sólo después de mucha insistencia por parte de la policía,
accedieron a cumplir la ley que se les imponía. Aunque las hijras se suelen
resistir a someterse a intervenciones que mejoren su aspecto femenino, sí se
prestan a una en la que se les amputan sus genitales masculinos, y el área
púbica se reforma para darle la apariencia de una vagina. Esta intervención se
lleva a cabo en una ceremonia a la que sigue una gran fiesta a la que sólo
pueden asistir hijras.
Existen numerosos legados de la Grecia antigua y de Roma
sobre personas que no aceptaban la imposición de género en el nacimiento.
Filón, el filósofo judío de Alejandría, escribió "Dedican toda la
atención posible a su adorno exterior, y ni siquiera se avergüenzan de emplear
cualquier método para cambiar su naturaleza artificialmente de hombres a
mujeres. Algunos de ellos, buscando una transformación completa como mujeres,
han llegado a amputarse los genitales".
El poeta romano Manilio escribió: "Siempre irán
pensando en su estrafalaria vestimenta y su imagen; rizarse el pelo en
ondeantes mechas... pulir sus hirsutas piernas... ¡Sí! Y odiarán su propio
aspecto masculino, soñando con unos brazos sin vello. Visten como mujeres...
caminando con paso afeminado".
Un verso popular romano se
traduciría así:
¿Pero qué es lo que
esperan?
¿No es ya hora de intentar
lo que los Frigios hicieran
y el trabajo terminar?
Así que un cuchillo cogieran
y esa carne sobrante cortar.
Incluso
en la historia de los emperadores romanos hay datos de varios intentos de
cirugía transexual. Las técnicas quirúrgicas y el instrumental eran muy
similares a las que conocemos hoy día, y hay manuales de cirugía obra de Galeno
y sus asistentes, que describen con bastante precisión algunas intervenciones
sorprendentes para la época.
Probablemente la primera operación de "cambio de
sexo" documentada date del año 66 de nuestra era. Parece ser que el
emperador Nerón, en una de sus borracheras, tras un ataque de rabia propinó una
patada en el vientre a su esposa Popea, que estaba embarazada, causando su
muerte. Lleno de remordimiento, trató de encontrar una sustituta e hizo que
buscasen por todo el imperio a alguien que fuese el vivo retrato de su amada.
Así apareció un joven ex-esclavo, Esporo, cuyo parecido con Popea era notable.
Nerón hizo que le transformasen quirúrgicamente en mujer, le cambió el nombre
por el de Esporo Sabina, y la mostró durante un año por todo el imperio, hasta
que contrajeron matrimonio en el año 67 en Corinto, con el prefecto del
pretorio Tigelino como testigo de la novia. Un año después se suicidaron juntos
cuando, tras ser declarado Nerón "enemigo del Estado y traidor a la
Patria", las tropas del general Lucio Servio Sulpicio Galba entraban en
Roma para detenerle.
Otro emperador romano, Heliogábalo, un joven de origen sirio
que fue nombrado emperador en el año 218, cuando contaba catorce años de edad,
se casó sucesivamente con cuatro mujeres en los dos años siguientes, antes de
hacerlo con el esclavo Hieracles en el año 221. Con frecuencia Heliogábalo se
vestía de mujer y se ofrecía como prostituta en la puerta de los templos, para
provocar a la sociedad romana, cosa que también hizo al casarse con la segunda
de sus esposas, Julia Aquilia Severa, una virgen Vestal; pero las provocaciones
no habían llegado aún al límite.
En el 222 ofreció una fortuna al médico que pudiese operar
sus genitales para convertirle por completo en mujer, con la intención de
nombrar emperador a Hieracles, convirtiéndose así en emperatriz. Esto ya fue
demasiado para la guardia pretoriana que, instigados por su propia abuela Julia
Maesa, nombraron emperador a su primo Alejandro, tomaron al asalto el palacio y
asesinaron a Heliogábalo, cuando estaba en las letrinas, junto a su madre Julia
Soemias, tanto o más detestada que él mismo. Sus cadáveres fueron arrastrados por
las calles de Roma y arrojados al río Tíber.
Durante el primer cristianismo también se dio la castración
por cuestiones psico-religiosas (había hombres que se castraban para no pensar
en el sexo). Este fue el caso, en el año 232, de Orígenes cuando fue ordenado
presbítero. Tan pronto como su obispo supo de su nombramiento, corrió a enviar
un mensajero para prohibir a Orígenes ejercer su cargo aduciendo que era un
hombre castrado, cosa que había hecho en su juventud, interpretando
literalmente un consejo de los Evangelios, "Porque hay eunucos que
nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos
por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda" (Mateo
19, 12).
Diversos estudios antropológicos han encontrado muestras
importantes de identidad de género cruzada perfectamente admitida por distintas
culturas indígenas. Durante el primer cuarto del siglo pasado, se recogieron
extensos datos sobre prácticas tradicionales en varias tribus de indios
norteamericanos. En casi cada parte del continente parece haber habido, desde
los tiempos más antiguos, personas que se vestían y adoptaban las funciones y
costumbres propias del otro género.
Entre los indios Yuma existió un grupo de personas,
originalmente varones, llamados Elxa que se consideraba que habían sufrido un
"cambio de espíritu" como resultado de sueños que generalmente
ocurrían durante su pubertad. Un chico o chica que soñaba demasiado con
cualquier cosa "sufriría un cambio de sexo". Tales sueños
frecuentemente incluían la recepción de mensajes de las plantas,
particularmente la Maranta, a la que se atribuye la propiedad de cambiar el
sexo. Si una Elxa, por el contrario, soñaba con un viaje, este sueño implicaba
su ocupación futura con las tareas femeninas. Al despertar debía poner la mano
en su boca riendo con voz femenina y así su mente cambiaría de hombre a mujer.
Los otros jóvenes lo notarían, y empezarían a tratarle ya como mujer.
En su infancia, el equivalente opuesto de las Elxa, los
Kwe'rhame, juegan con juguetes de niño. Tras la pubertad, nunca aparecerá la
menstruación, sus caracteres sexuales secundarios no se desarrollarán, y en
algunos casos lo harán de modo masculino. Una inequívoca forma de
hermafroditismo o virilización.
En la cultura Yuma se creía que la Sierra Estrella tenía un
travestido que vivía en su interior, y que por lo tanto esas montañas tenían el
poder de transformar sexualmente a las personas. Los signos de tales
transformaciones aparecían pronto, en la niñez, y los más viejos sabían por las
acciones de un niño, que cambiaría su sexo. Berdache era el término para
aquellos que se comportaban como mujeres. Las Berdaches en la cultura Yuma se
casaban con hombres y no tenían hijos propios. La tribu también tenía a mujeres
que pasaban por hombres, vestían y se comportaban como hombres, y se casaban
con mujeres.
Entre los indios Cocopa, se llamaba eL ha a quienes, nacidas
varones, habían mostrado un carácter femenino desde la infancia. Se las
describe hablando como niñas, buscando la compañía de niñas, y haciendo las
cosas de modo femenino. Los llamados war'hemeh juegan con niños, hacen arcos y
flechas, tienen la nariz perforada, y luchan en las batallas. Un joven podría
enamorarse de un war'hemeh, pero a ellos no les interesa, sólo quieren
convertirse en hombres.
Entre los indios Mohave, los chicos destinados para
convertirse en chamanes, sacerdotes y doctores que usan la magia y los trances
místicos para curar a los enfermos, para adivinar el futuro, y para controlar
los acontecimientos que afectan el bienestar de las personas, suelen colocar su
pene hacia atrás entre sus piernas y se muestran así a las mujeres diciendo,
"Yo también soy una mujer, yo soy igual que tú".
Para los chicos Mohave que iban a vivir como mujeres, había
un rito de iniciación durante el décimo o undécimo año de vida. Dos mujeres
levantaban al joven y lo sacaban al exterior. Una se ponía una falda y bailaba,
y el joven la seguía e imitaba. Las dos mujeres le daban al joven su nuevo
vestido y le pintaban la cara. Las alyhas, se debían comportar como mujeres
tomando desde entonces un nombre femenino e insistiendo en que al pene se le
llame clítoris, a los testículos, labios mayores, y al ano, vagina. Los hwane,
se comportarán como hombres, tomarán un nombre masculino y se referirán a sus
propios genitales con terminología masculina.
Una alyha, después de encontrar marido, empezará a imitar la
menstruación; tomará un palo y se arañará entre las piernas hasta hacerse
sangrar. Cuando decida quedar en estado, interrumpirá las menstruaciones, antes
del "parto" beberá una preparación hecha con ciertas legumbres que le
provocará un intenso dolor abdominal al que se referirán como "dolores del
parto". Le seguirá una defecación violenta que se asumirá como un aborto y
que será enterrada de modo ceremonial, tras lo que comenzará un período de luto
por parte de los cónyuges.
Los estudios antropológicos que se han llevado a cabo, hacen
mención de prácticas similares en otras tribus.
Entre los Navajo, a las personas llamadas nadlE, un término
usado para travestidos y hermafroditas indistintamente, se las denominaba con
el tratamiento utilizado para mujeres de su relación y edad, y se les concedía
el estatus legal de mujeres.
Las i-wa-musp de los indios California, formaban una clase
social específica. Vestidas como mujeres, realizaban tareas femeninas. Cuando
un indio mostraba el deseo de eludir sus deberes masculinos, se situaba en el
círculo de fuego, donde se le ofrecía un arco de hombre y un bastón de mujer.
Eligiendo uno de los dos, marcaría su futuro para siempre.
Entre los indios Pueblo se llevaba a cabo la siguiente
práctica; se escogía un hombre muy potente, uno de los más viriles; se le hacía
masturbarse muchas veces al día y montar a caballo casi continuamente. La
debilidad e irritabilidad de sus órganos genitales que se producía al montar y
a causa de la gran pérdida de semen le provocaba una atrofia de los testículos
y del pene, la caída del vello facial, la pérdida de la profundidad y timbre de
la voz, y su inclinación y disposición se hacía femenina. El
"mujerado" perdía su posición en la sociedad como hombre, y sus
esfuerzos se dedicaban sólo a asimilarse totalmente al sexo femenino, y a
librarse hasta donde fuese posible de todos los atributos mentales y físicos de
masculinidad.
Un médico del Ejército de los Estados Unidos describió a una
persona así de modo muy gráfico: "Lo primero que atrajo mi atención fue
el extraordinario desarrollo de las glándulas mamarias, que eran tan grandes
como las de una mujer embarazada. Me dijo que había alimentado a varios
lactantes cuyas madres habían muerto, y que les había dado suficiente leche
proveniente de sus pechos (un fenómeno que desde un punto de vista científico
resulta poco fiable, aunque la apariencia física fuese innegable)".
Las tribus indias de los Pendientes en la oreja (o Kalispel)
y los Cabezas planas (o Salish), radicadas en el oeste de Montana ilustran los
patrones de la participación de mujeres en la guerra, frecuentes en las grandes
llanuras, y que van desde los roles ceremoniales de batalla, hasta la
implicación activa como guerreros y líderes.
Los jesuitas Pierre Jean De Smet, Nicholas Point, y Gregory
Mengarini llegaron a Montana en 1841 y trataron de captar a los Cabezas planas
y a los Pendientes en la oreja a sus misiones (tal y como antes hicieron con
nativos de Paraguay). En lugar de ello, acabaron por acompañar a los supuestos
conversos en sus correrías de caza de búfalos y en sus luchas contra sus
enemigos. Las tribus, por su parte, agradecieron la llegada de los misioneros,
esperando que les proporcionasen ayuda sobrenatural. Pero cuando los jesuitas
comenzaron a exhortarles a cesar en sus danzas de guerra, en su salvaje
obscenidad y en sus vergonzantes excesos carnales, su actitud cambió
rápidamente y la colaboración de las tribus cesó, provocando el cierre de las
misiones.
Los jesuitas estaban especialmente escandalizados por el
papel activo que tomaban algunas mujeres en la guerra. Se unían a las danzas
vestidas como guerreros y con frecuencia entraban en combate. Especialmente una
mujer de los Pendientes en la oreja se había distinguido en la batalla y era
reconocida como un gran líder. Su nombre indio era Kuilix, "La Roja",
en referencia a una casaca de ese color que solía vestir, que probablemente fue
parte de un uniforme británico. Para los blancos era conocida como Mary Quille,
o Marie Quilax, y el padre Point la dibujó y pintó con su casaca y la describió
en sus diarios y cartas. Los relatos de las hazañas de Kuilix fueron recogidos
en la obra de Pierre Jean De Smet "Viajes a las Montañas Rocosas",
publicada en 1844.
En muchas tribus antiguas del mediterráneo, indias,
oceánicas, africanas y paleo-asiáticas, los hombres que adoptaban las maneras y
el vestido de las mujeres disfrutaban de alta estima como chamanes, sacerdotes
y hechiceros; todos ellos personas cuyos poderes sobrenaturales se temen y
veneran.
Entre los Yakut de Siberia había dos categorías de chamanes,
los "blancos", que representaban las fuerzas creativas, y los
"negros", que representaban las fuerzas destructivas. Estos últimos
solían comportarse como mujeres. El pelo se lo peinaban desde el centro, como
las mujeres, y llevaban unos aros de hierro sobre la ropa evocando los pechos
femeninos. Al igual que a las mujeres biológicas, no se les permitía reclinarse
en el lado derecho de las pieles de caballo que tapizaban sus estancias.
Este fenómeno no era exclusivo de los Yakut, el cambio de
sexo estaba muy extendido entre las tribus paleo-Siberianas, especialmente
entre los Chukchee, los Koryak, los Kamchadeb y los esquimales asiáticos.
Los Chukchees, un pueblo que vivía cerca de la Costa Ártica,
tenían una rama especial de chamanismo en el que tanto hombres como mujeres se
sometían a un cambio de sexo parcial, o incluso completo. Los hombres que se
hacían mujeres eran llamadas "hombres suaves" (yirka'-la' vl-ua'
irgin), o "similares a mujeres" (ne'vc h i c a); y a las mujeres que
se hacían hombres se los llamaba "mujeres transformadas" (ga' c iki c
hê c e). La transformación tenía lugar por orden del Ke'let, durante la
adolescencia.
Había varios grados de transformación. En la primera fase,
la persona que se sometía a ello personificaba sólo a la mujer en el modo de
peinar y adornar el pelo. La segunda fase estaba marcada por la adopción del
vestuario femenino. La tercera fase de la transformación era la más completa;
quien la alcanzaba abandonaba todas las costumbres y modales propios del
hombre, adoptando los de una mujer. Su modo de hablar cambiaba y al mismo
tiempo su cuerpo se alteraba, si no en su apariencia exterior, al menos en sus
facultades y fuerza; en general, se convertía en una mujer con la apariencia
exterior de un hombre. Después de un tiempo podía tomar un esposo y debía
cuidar de la casa y realizar las tareas domésticas. Incluso ha habido informes
de que algunos llegaban a modificar sus órganos genitales para hacerlos más
parecidos a los de una mujer.
Los "mujeres transformadas" vestían con ropas
masculinas, adoptaban el modo de hablar y las costumbres y modales de los
hombres, y utilizaban un gastrocnemio de reno atado a una correa para simular
un pene.
En Madagascar vivían los Tanala, entre los cuales había
hombres que mostraban rasgos femeninos desde el nacimiento, se vestían y
arreglaban el pelo como las mujeres y se dedicaban a ocupaciones femeninas.
Eran conocidas como Sarombavy. También vivían allí los Sak, que cuando notaban
que un niño se mostraba delicado como las niñas, tanto en su apariencia como en
sus maneras, era separado de los demás y educado como una niña. Las malgaches
que eran consideradas como mujeres recibían un tratamiento completamente
femenino, llegando a olvidar su sexo original. Eran eximidas de las
obligaciones masculinas, hasta el punto de que hoy en día están excluidas del
servicio militar obligatorio.
En Tahiti hay ciertas personas llamados mahoos o mahhus por
los nativos, que asumen el vestido, las actitudes, y las maneras de las
mujeres, adoptando todas sus fantasías, peculiaridades y coquetería. Ellas
mismos eligen voluntariamente esa forma de vivir desde su niñez.
En
algunas tribus brasileñas se ha observado a mujeres que se abstienen de
realizar ocupaciones femeninas, e imitan en todo a los hombres. Cortan y peinan
su pelo al estilo masculino y se dejarían matar antes que mantener relaciones
sexuales con un hombre. Cada uno de ellos tenía otra mujer que la servía y con
quien estaba casado.
En las Aleutianas, los niños que eran muy guapos eran
educados por completo como si fueran niñas (Shupans). Se las instruía en las
artes femeninas para agradar a los hombres, sus barbas se arrancaban
cuidadosamente en cuanto aparecían, llevaban ornamentos hechos de cuentas de
vidrio en sus piernas y brazos, arreglaban y cortaban su pelo al estilo de las
mujeres y al llegar a los diez o quince años, se casaban con algún hombre de
fortuna. Estaba plenamente aceptado que si los padres habían deseado tener una
niña, y en su lugar había nacido un niño, fuese convertido de este modo en
shupan.
Omaníes entienden
que las variaciones de la identidad de género no pueden suprimirse y por tanto,
a las personas que las cuestionan, se las reconoce y reclasifica y se las
permite vivir en paz. Reciben el nombre de Xanith. Esta idea se basa en la
visión de que el mundo es imperfecto y las personas, creadas a imagen de la
naturaleza, son igualmente imperfectas. Depende de cada individuo comportarse
tan correctamente como le sea posible en todas las situaciones en las que se
encuentre, lo que deberá hacer con tacto, amabilidad, corrección y moralidad.
Maldecir, sancionar o criticar a quienes no sigan esos ideales, le hará perder
su estima. Las Xanith generalmente suelen convertirse en prostitutas, y aunque
no se les permite utilizar vestidos femeninos, lo que deshonraría a las
mujeres, utilizan disbashas de colores pastel, se peinan al modo femenino (con
la raya al lado en lugar de en el centro), utilizan maquillaje y perfumes y
actúan con maneras femeninas.
La lengua hawaiana no contiene ningún adjetivo o artículo
masculino o femenino, e incluso los nombres propios son ambiguos. Esto muestra
el énfasis que los polinesios ponen en la integración y equilibrio de los
dioses masculinos y femeninos. La noción de polaridad de los géneros en sexos
opuestos es extraña al modo de pensar hawaiano. Los Mahu personifican este
antiguo principio polinesio de la dualidad espiritual y son vistos como un
honorable sexo intermedio, integrado en la cultura hawaiana. Explican su
existencia de este modo:
"A veces la Madre Naturaleza no puede decidir si
hacer un hombre o una mujer, incluso en la polinesia, así que mezcla un
poco del elemento masculino con el femenino".
El fenómeno de los Mahu no puede entenderse desde el
concepto Occidental del género. Muchas mujeres hawaianas fueron criadas y
educadas como niños por sus padres o abuelos, para preservarlas de las
relaciones sexuales con hombres. Antiguamente estas niñas se dedicaban a
labores de curación o a los sagrados bailes del hula. Del mismo modo, cuando
una pareja hawaiana había tenido muchos hijos, pero ninguna hija, era frecuente
que educasen y criasen al menor de los hijos como a una niña, de modo que
pudiera resultar de ayuda a las labores de la madre. Esta práctica data de los
orígenes de su sociedad.
Los Mahu han representado un papel enorme en la historia y
las leyendas de Hawai. La actual población Mahu contiene una variedad asombrosa
de individuos, ya que el término puede referirse a mujeres que visten y actúan
como hombres, a hombres que visten y actúan como mujeres, a hombres o mujeres
que cambian su ropa para ocultar su clasificación biológica, a mujeres que sólo
se relacionan con otras mujeres, a hombres que sólo se relacionan con hombres,
a hombres que visten de modo ambiguo, a hombres o mujeres que se someten a
procedimientos hormonales o quirúrgicos, o a verdaderos hermafroditas. Los
padres suelen dejar a sus hijos al cuidado de los Mahu, porque piensan que se
trata de personas más comprensivas y creativas que las demás.
Sir James Frazer escribió en su obra "La Rama Dorada":
"Hay una costumbre ampliamente extendida entre los salvajes en la que
algunos hombres se visten y actúan como mujeres durante toda su vida. A menudo
se dedican a ello y se les prepara desde su infancia". Se han
encontrado personas así entre los Iban de Borneo, los Bugis de la Célebes del
Sur y los Patagonios de América del Sur. Entre los Araucanos de Chile era común
encontrar hechiceros masculinos a los que se les exigía renunciar a su sexo.
En el Congo se ha descrito a sacerdotes de sacrificios que
normalmente vestían como una mujer, y eran honrados con el título de abuelas.
Algunos hombres de la tribu Lango de Uganda, vestían como mujeres, simulaban la
menstruación, y se convertían en esposas de otros varones. También sucedía
entre los Malagasy (son llamados ecates). Entre los onondaga de Sudoeste
africano y entre los Diakite-Sarracolese en Sudán, hay hombres que asumen el
vestido, la actitud y los modales de las mujeres. Para los zulúes, simular el
cambio de sexo era un modo de apartar la mala suerte. También se han reseñado
casos en el continente africano entre los siguientes pueblos: Konso y Amhara
(Etiopía), Ottoro (Nubia), Dinka y Nuer (Sudán), Sererr de Pokot (Kenia),
Sekrata (Madagascar) y Kwayama y Ovimbun (Angola).
Con la irrupción de las religiones reveladas la diversidad
sexual y de género fue perseguida y reprimida. Se implantó la concepción dual
del mundo entre el bien y el mal, hombre y mujer, heterosexualidad y
homosexualidad. Es por ello que a partir de la antigüedad tardía hasta el siglo
XIX sea muy difícil seguir la pista a las diferentes manifestaciones sexuales.
Pero afortunadamente, a pesar de la persecución y al intento de silenciar estas
manifestaciones, se han podido documentar casos pertenecientes en la Edad
Media y Moderna. No obstante en los primeros ocho siglos de nuestra era fueron
muy frecuentes los casos de mujeres que adoptaron personalidades, vestuario y
nombres masculinos, convirtiéndose en monjes. En muchas ocasiones, esa
demostración extrema de "vocación" fue premiada por la Iglesia con la
santidad, así tenemos los casos de Santa Anastasia la Patricia, Santa Ana de
Constantinopla, Santa Apolinaria, Santa Atanasia de Egina, Santa Eugenia, Santa
Eufrosia, Santa Hilaria, Santa Margarita, Santa María Egipciaca, Santa Marina,
Santa Matrona de Pergia, Santa Susana de Eleuterópolis, Santa Tecla de Iconio y
Santa Teodora de Alejandría.
En plena Edad Media, en el siglo IX se produjo un hecho
sorprendente que, por motivos obvios, se ha tratado de silenciar, insistiendo
en que se trata de una leyenda, pero del que han llegado datos suficientes como
para poderlo reconstruir con cierta precisión y seguridad. En el año 855 a la
muerte de León IV, fue elegido Papa Juan VIII, originario de Ingleheim, quien
pronto se destacó por las obras públicas destinadas al pueblo que mandó llevar
a cabo. Un día del año 857, en el curso de una procesión, cuando el cortejo
atravesaba por un callejón estrecho, Juan comenzó a palidecer; sentía que se
desmayaba sin remedio; desplomado y con los ojos en blanco, el papa se moría.
De repente, de debajo de las sagradas vestiduras, brotó un chorro de sangre:
¡el Papa acababa de dar a luz!
La evidencia de que una mujer había sido Papa, turbó a
ciertos sectores de la curia, y quince años después, otro Papa tomó el nombre
de Juan y se le dio el número VIII de nuevo, para tapar la existencia de la Papisa
Juana, y se adelantó en dos años la subida al solio de Benedicto III, para que
no quedasen "huecos" inconvenientes. Pero en el año 1.003, Silvestre
II fue sucedido por otro Papa que eligió el nombre de Juan, y aunque su
anterior homónimo llevó el numeral 15, él tomó el 17, para restablecer el
número correcto de Papas llamados Juan. El dominico polaco Martín de
Troppau recogió los detalles en sus crónicas en 1.278, y el busto de la
Papisa Juana formó parte de la galería de Papas que hay en la Catedral de
Siena, con la inscripción "Juan VIII, una mujer de origen inglés",
hasta que Clemente VIII lo ordenase retirar en 1.595 por consejo del Cardenal
Baronio.
No sólo eran los dioses quienes podían cambiar el sexo, sino
que se podía realizar en humanos y en bestias mediante la brujería y por la
intervención de demonios. Se decía que las brujas disponían de drogas capaces
de invertir el sexo de quien las tomaba. Algunos afirmaban que las mujeres
podían transformarse en hombres y los hombres en mujeres, pero también se
defendía que el cambio del sexo sólo era posible en una dirección. Por tanto se
declaró que el diablo podía convertir a las mujeres en hombres, pero no a los
hombres en mujeres, porque el método que utiliza la naturaleza es el de añadir
en lugar de restar. En el "Malleus Maleficarum" (Martillo de
las Brujas), publicado entre 1.485 y 1.486, y que sirvió como manual de
la Inquisición contra la brujería y las posesiones, o lo que es igual, guía de
tratamiento contra la demencia, durante casi trescientos años, se relata un
caso de transformación de una muchacha en muchacho por obra del diablo, o el
caso del bendito abad Equicio, perturbado en su juventud por la provocación de
la carne, que rezaba continuamente por un remedio contra ese mal, hasta que se
le presentó un ángel y desde entonces tal como antes se destacaba entre los
hombres, así después se destacó entre las mujeres.
En Alemania hubo el caso de Ulrich von Lichtenstein, hacia
el año 1200, un hombre que se vistió con ropas de mujer, llevaba una
trenza postiza y se hacía llamar reina Vènes. O John Rykener, arrestado en
Londres en 1395 al ser descubierto con ropa de mujer ejerciendo la
prostitución, declaró haber tenido muchos clientes sacerdotes franciscanos y
carmelitas. En el siglo XV, está el caso famoso de Juana de Arco, la mujer que
vestía y comandaba el ejército francés en la guerra contra los ingleses como
un hombre. En España hay un caso muy bien documentado que es el de
Antonio de Erauso, nacido en San Sebastián en 1585 como Catalina, y que fue
popularmente conocido como "la Monja Alférez, y hasta consiguió permiso
del papa Urbano VII para vestir como hombre. A finales de la Edad Moderna, en
el siglo XVII, estaba el ejemplo de la reina Cristina de Suecia, que se vestía
y actuaba como un hombre. Y no nos olvidemos de los castrati, esos jóvenes
cantantes en los coros de la Iglesia a los que se castraba para así poder
cantar mejor. Aunque la Santa Madre Iglesia Católica no podía aprobar tales
prácticas, lo toleraba. Esta costumbre perduró en el tiempo durante casi
cinco siglos (desde el siglo XV hasta el XIX).
La historia francesa de los siglos XVI a XVIII nos ha dado
varias figuras transgenéricas públicas. Empezando por el Rey Enrique III de Francia
que en ocasiones manifestó su deseo de ser considerado una mujer. Tuvo gran
número de amantes masculinos, y en cierta ocasión, en Febrero de 1.577, se
presentó ante la corte vestido de mujer, con un collar de perlas y un vestido
de corte bajo.
Entre los franceses notables del siglo XVII, el Abad de
Choisy, también conocido como François Timoléon, ha dejado para la posteridad
una vívida descripción de primera mano de un fuerte deseo de cambio de género.
Durante su infancia y su primera juventud, su madre solía vestirle como a una
chica. A los dieciocho estas prácticas continuaban y como su cintura era ceñida
frecuentemente con corsets, sus caderas y busto se hicieron más prominentes. Ya
como adulto vivió en una ocasión cinco meses seguidos como mujer consiguiendo
engañar a todos, y tomando sucesivos amantes a los que concedía diversos
favores. A los treinta y dos fue nombrado Embajador de Luis XIV en Siam. Con
respecto a su identidad de género escribió:
"Yo me veo realmente como una auténtica mujer. He
intentado descubrir cómo llegó a mí este extraño placer, y qué he hecho para
ser de este modo. Es un atributo de Dios ser amado y adorado, y el hombre,
hasta donde su débil naturaleza lo permite, tiene la misma ambición; es la
belleza la que crea el amor, y la belleza generalmente es una parte de la
mujer. Cuando he escuchado a alguien decir acerca de mí, que era una hermosa
mujer, he sentido un placer tan grande que está más allá de cualquier
comparación. Ni la ambición, ni la riqueza, ni incluso el amor pueden
igualarlo".
Uno de los ejemplos más famosos de conducta de género
cruzada en la historia es el del Caballero de Eon, de cuyo nombre surgió el
epónimo "eonismo". Se dice que hizo su debut en la historia vestido
de mujer como rival de Madame de Pompadour, como una nueva bella dama de la
corte de Luis XV. Cuando su secreto fue conocido por el Rey, sacó partido de su
error inicial convirtiendo al Caballero de Eon en un diplomático de confianza.
En una ocasión, en 1.755, fue a Rusia en una misión secreta disfrazado como la
sobrina del enviado del Rey y al año siguiente volvió vestido como un hombre
para completar la misión. Tras la muerte de Luis XV vivió permanentemente como
mujer, y hubo una gran controversia en Inglaterra, donde pasó sus últimos años,
sobre si su verdadero sexo morfológico era masculino, o si los períodos en los
que vestía de varón no eran, en realidad, los que fingía. De hecho, a lo largo
de su vida, pasó cuarenta y nueve años como hombre y treinta y cuatro como
mujer.
Otro personaje interesante fue el Abad de Entragues, que
trató de reproducir la palidez de la belleza facial femenina mediante continuas
sangrías. Uno de sus asistentes era Becarelli, un falso Mesías que aseguraba
disponer de los servicios del Espíritu Santo y alardeaba de poseer una droga
que podía cambiar el sexo.
Aunque el sexo físico no podía ser cambiado, los hombres que
tomaban esta droga se creían transformados en mujeres temporalmente, y las
mujeres pensaban que se transformaban en hombres.
Cierta persona que a lo largo de toda su vida había sido
conocida como Mademoiselle Jenny Savalette de Lange, murió en Versalles en
1.858, tras lo que se descubrió que tenía genitales masculinos. Durante toda su
vida había utilizado un duplicado de su certificado de nacimiento en el que se
la designaba como mujer, se había comprometido con distintos hombres en seis
ocasiones, y había recibido del Rey de Francia una pensión de mil francos
anuales y un apartamento en el Palacio de Versalles.
Durante los siglos XVIII y XIX se empiezan a documentar
numerosos casos de transexualidad, de los que citaremos los siguientes:
Anastasius Lagrantinus Rosenstengel, Alemania 1694-1721. Nacido Catharina
Margaretha Linck, fue juzgado, condenado a muerte y ejecutado por pretender
casarse con Catharina Mühlhahn, acusándole de sodomía, a causa del pene de
cuero que utilizó para tales fines. Giovanni Bordoni, Italia 1719-1743. Nacido
Catterina Vizzani, adquirió notable fama de seductor, batiéndose varias veces
con otros hombres por asuntos amatorios. Mary Hamilton, nacido en 1721.
Profesor en Dublín. Casado con Mary Price, arrestado y fustigado por ello, pasó
6 meses en prisión. James Gray Snell, Inglaterra 1723-1792. Nacido Hannah Snell, se enroló en el
ejército adoptando la personalidad de su cuñado, y sirvió durante diez años en
la India, donde llegó a ser herido. Robert Shurtleff. USA,
1760-1827. Nacido
Deborah Sampson, fue un brillante soldado en la Guerra de Independencia
Norteamericana. Alexander Sokolov, Rusia 1783-1866. Soldado de caballería de los húsares
nacido como Nardezhda Durova. James Barry, Inglaterra 1795-1865. Cirujano de la Armada e Inspector
General de Hospitales, de quien a su muerte, se descubrió que no había nacido
varón. Joseph Lobdel, USA 1829-1891. Ministro metodista casado con una mujer,
que fue internado en un sanatorio mental al ser denunciado por ella y saberse
que había nacido como Lucy Ann Lobdel. Edward de Lacy Evans, Inglaterra
1830-1911. Nacido como Ellen Tramaye, emigró a Australia adoptando una
identidad masculina. Se casó sucesivamente con Mary Delahunty, Sarah Moore, y
Julia Marquand, con la que incluso tuvo un hijo utilizando a otro hombre que se
hacía pasar por él en la oscuridad del dormitorio. Franklyn
Thompson, Canadá 1841-1898. Espía del ejército de la Unión, nacido como Sarah Emma Edmonds. Fanny
Winifred Park, nacida en Inglaterra en 1847. Estudiante nacida como Frederick
William Park. Stella Clinton, nacida en Inglaterra en 1848. Artista nacida como
Ernest Boulton. Charles Durkee Panhurst, que conducía una diligencia en el
oeste norteamericano a finales del siglo XIX y que también resultó que tenía un
origen femenino. Murray Hall (nacido Mary Anderson), un reputado político de
Tammany Hall, que se casó dos veces, adoptó una hija y vivió como hombre
durante 30 años sin que nadie supiera la verdad. Jack Bee
Garland, USA 1869-1936. Escritor
y periodista nacido Elvira Virgina Mugarrieta. Lili Elbe, Dinamarca 1886-1931.
Pintora nacida como Einar Wegenner, se sometió a varias intervenciones. Era un
caso de síndrome de Klinefelter (XXY). Alan Lugll Hart, USA 1890-1962. Médico
norteamericano, nacido Alberta Lucille. Casado con Inez Stark en 1918 y con
Edna Rudick en 1925. Victor Barker. Nacido a finales del siglo XIX como Valerie
Lilias Arkell-Smith, se casó con Elfrida Haward haciéndose pasar por un
Coronel, héroe de la Primera Guerra Mundial. Un buen número de estas personas
pagaron con la cárcel la osadía de mostrar su identidad de género; dos siglos
después no han cambiado mucho las cosas.
Con la llegada del siglo XIX y la progresiva secularización
de la sociedad occidental, los científicos abrieron bien los ojos para estudiar
lo que se consideraba, para entonces, las conductas sexuales desviadas
(homosexualidad, travestismo y eonismo o transexualidad). Para los primeros investigadores
todo era muy confuso y no distinguían las diferentes manifestaciones desviadas.
Pero ya se empezaron a estudiar y a acuñar nuevos términos para definir estas
conductas patológicas. Así nació el concepto de perversión, toda práctica que
se saliera de las normas sociales era considerada una aberración y el
travestismo y la homosexualidad no eran ninguna excepción. Se las englobó
dentro del grupo de conductas de inversión sexual. Hubo unos pocos autores
que se dedicaron a estudiar el fenómeno del travestismo. Para entonces,
la actividad travestista era considerada una enfermedad neurótica, como la
definió a finales del siglo XIX Krafft-Ebing: "Methamorphosis sexualis
paranoica". No será hasta el siglo XX cuando se empiece a desbloquear
esta situación.
Es evidente que el fenómeno de asumir el rol de un miembro
del sexo opuesto no es nuevo ni único en nuestra cultura. La evidencia de su
existencia es identificable en los mitos y relatos más antiguos. Diferentes
culturas presentan datos que demuestran que el fenómeno está universalmente
extendido, que siempre ha existido en una forma u otra, y que ha estado
incorporado en todas las culturas con grados variables de aceptación social. La
valoración del material clínico contemporáneo y la consideración psicopatológica
con la que se mira a estas personas, convirtiéndolas en pacientes, adquiere una
nueva dimensión cuando se enfrenta contra el telón de esta perspectiva
histórica y antropológica. De este modo se debe hacer una aproximación más
comprensiva, en la evaluación y asunción de que la transexualidad es un
fenómeno natural, fuertemente arraigado en el ser humano, y no una simple
manifestación psicosexual.
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Consultas: -Psicología Cristina Garaizabal
-Endocrinología Antonio Becerra
Tomado de:
NIETO, G.A. (Comp.) (1998):
Transexualidad, transgenerísmo Y
altura, antropología, identidad
y género, Madrid: Talasa Ediciones.
La trasgresión del género. Transexualidades, un reto apasionante
Mis
relaciones con personas transexuales se remontan a hace diez arios. Se trata de
relaciones más personales que profesionales, aunque con el tiempo han tenido
también este carácter,
Mi primer
contacto con Transexualia supuso el inicio de
una de las etapas más interesantes de mi vida, tanto desde el punto de vista
personal, como intelectual. Transexualia es una
organización de Madrid, en la que se agrupan transexuales para defender sus
derechos y luchar contra las discriminaciones que sufren en nuestra sociedad.
En aquellos momentos, en el movimiento feminista estábamos elaborando una
plataforma antidiscriminatoria que planteara, ante los poderes públicos, las
reivindicaciones de lesbianas y homosexuales. Durante el curso de las
discusiones se vio la necesidad de entrar en contacto con las organizaciones de
transexuales, grandes desconocidas para nosotras hasta entonces, para
enterarnos de cuáles eran sus reivindicaciones y conocer mejor su realidad.
Tengo
que reconocer que la falta de conocimiento directo de su situación y de sus
vivencias no me impidió ir al encuentro con ellas cargada de ideas previas, de
prejuicios. Mi actitud no era en absoluto neutra. Aunque también es cierto que
mi curiosidad podía más que las prevenciones que pudiera tener. En aquel
entonces, en el pensamiento feminista, la realidad y las reivindicaciones de
las personas transexuales, especialmente de las mujeres(que eran las más
activas y las que más presencia social tenían)nos resultaban incomprensibles,
por no decir contradictorias con nuestras aspiraciones y metas. No compartíamos
que se pudiera reivindicar la pertenencia a un género, el femenino (con todo lo
que éste implicaba de opresión y discriminación), sin cuestionarse la propia
existencia de los géneros. Más difícil resultaba, todavía, simpatizar con la
imagen estereotipada de la feminidad que algunas de ellas mostraban.
Ese
primer encuentro -que tuvo lugar en 1988-dio pie a una larga y duradera
relación personal y, desde hace años, algunas de las transexuales Forman parle
de mi círculo de amistades. Provocó, también, el despertar de nuevas
motivaciones profesionales que me han llevado a dedicar buena parle de mis
esfuerzos al estudio y la comprensión de la realidad y el significado de la
transexualidad en nuestras sociedades, así como al apoyo psicológico de
personas transexuales. A ellas les debo las reflexiones que aparecen en este
trabajo, que son fruto, tanto de la experiencia profesional acumulada en este
tiempo, como de las discusiones -algunas más informales y otras en el marco de
la propia organización de Transexualia- que hemos
ido teniendo estos años.
¿Sólo dos sexos y dos géneros?
Aunque
el término «transexual» es de reciente creación -de hecho se remonta
escasamente a mediados de este siglo-, la existencia de personas que se vestían
con ropas consideradas socialmente como propias del sexo contrario y que
incluso desarrollaban trabajos y se relacionaban socialmente como si fueran de
un sexo diferente al que marcaba su biología ha sido registrada tanto en la
literatura médica y psiquiátrica como en trabajos históricos y antropológicos.
(Véase el artículo «La transexualidad en la historia», (de Vern L. Dullough,
editado en este mismo libro).
No obstante, creo que para entender el significado de la transexualidad, así como las vivencias de las personas que se identifican como transexuales, es necesario tener en cuenta cómo se ha ido construyendo esta categoría en el último siglo. Porque parece innegable, a la luz de los datos que poseemos, que la situación social que tenían o tienen las personas que pueden ser identificadas como transexuales en otras culturas, poco tiene que ver con cómo percibe la sociedad y cómo se perciben a sí mismas las personas transexuales, hoy, en nuestras sociedades.
Una primera constatación: la necesidad de que las personas se adscriban a un solo sexo (su«sexo verdadero») es una exigencia que aparece con las sociedades modernas, pero que no siempre ha existido, al menos, de la misma manera. Por ejemplo, en algunas sociedades se admitía que los hermafroditas tenían dos sexos y se les permitía, a partir de una determinada edad, elegir el sexo al que adscribirse. Una única condición: que después no cambiaran.
Este
reconocimiento se daba, tanto en el terreno médico, como en el legal. Es a
partir de la configuración de los Estados modernos -finales del siglo XVIII y
principias del XIX-cuando se limita la posibilidad de elección de sexo para las
personas «dudosas». Al mismo tiempo adquiere importancia la idea de que a cada
uno le corresponde su identidad sexual primera. Como dice Foucault en el
escrito El sexo verdadero:
«Las
teorías biológicas sobre la sexualidad, las concepciones jurídicas sobre el
individuo, las formas de control administrativo en los Estados
modernos han conducido paulatinamente a rechazar la idea de una mezcla de los dos sexos
en un solo cuerpo y a restringir, en consecuencia, la libre
elección de los sujetos dudosos. En
adelante, a cada uno un sexo y uno solo. A cada uno su identidad
sexual primera, profunda. determinada y determinante; los elementos del otro
sexo que puedan aparecer tienen que ser accidentales, superficiales o, incluso,
simplemente ilusorios [...] Desde el
punto de vista del derecho, esto implica evidentemente la desaparición de la libre voluntad de
elegir »*1